29 mayo 2012

Erich Wolfgang Korngold


El 29 de mayo de 1897 nació en Brünn, Moravia (actualmente Brno, en la República Checa) el compositor austro-húngaro Erich Wolfgang Korngold, considerado junto a Max Steiner y Alfred Newman pionero de la música en el cine. A los cinco años tocaba el piano con su padre, a los siete componía piezas musicales y a los nueve actuó ante Gustav Mahler. Su leyenda de niño prodigio lo asemejaba a Mozart, con quien se le comparó.

Erich Wolfgang Korngold
Fue admirado por Puccini, Richard Strauss y Mahler, este último mostró su interés en ese niño que tocaba el piano de forma impecable. No era para menos, Korngold siempre fue considerado un virtuoso de ese instrumento. Su influencia más cercana fue Richard Strauss que también influyó en Max Steiner, pero cada vez era más perceptible la música de Gustav Mahler. Precisamente fue este compositor quien le recomendó estudiar música en Viena. Su primera obra publicada fué el “Trío op.1” en 1910. El prestigioso director Félix von Weingartner estrena, en 1913, su espectacular “Sinfonietta op. 5” 1/4, 2/4, 3/4, 4/4 (Dir: Gerd Albrecht), y compone su primera ópera, “Der Ring des Polykrates op. 7” (1916).

El éxito le convence para componer “Die Tote Stadt”- Marietta´s Lied (1920). En 1924 se casa con Luise von Sonnenthal y comienza a fraguar la composición de su ópera de mayor envergadura, “Das Wunder der Heliane” (1927) (Rene Kollo, Carol Neblett, Erich Leinsdorf & Münchner Rundfunkorchester) que encuentra un rechazo crítico ante el avance de obras musicalmente más audaces. La sucesiva frustación de Korngold le lleva a dedicar gran parte de sus energías al arreglo y modernización de operetas, entre otros, de Johann Strauss II.

Max Reinhardt
En 1929 Korngold conoce al escenógrafo Max Reinhardt, encuentro que tendrá capital importancia cinco años después cuando el compositor, a solicitud de Reinhardt, marcha a Hollywood para encargarse de los arreglos musicales de la partitura de Felix Mendelssohn para “El Sueño de una Noche de Verano”. El regreso, en 1935, a una Europa en plena convulsión prebélica sólo sirve para retrasarle en su trabajo en la nueva ópera que está componiendo, “Die Kathrin”- 'Ich soll ihn niemals" (Renée Fleming). Sin embargo la situación política y social en Austria es grave, y el anunciado estreno de “Die Kathrin” queda cancelado.


Korngold regresa desesperanzado a Hollywood y es allí, mientras se encuentra componiendo la partitura para “The Adventures of Robin Hood” (1938) con la que ganará su segundo Oscar, cuando Alemania se anexiona Austria y el “Anschluss”, es ya una realidad. Desde entonces, salvo algunos lieder y un par de obras corales, Korngold dedicará sus esfuerzos musicales a componer exclusivamente para el cine.

Gracias a los métodos de producción “fordianos”, Korngold puede elegir sobre qué películas quiere trabajar. De este modo, encontramos sólo veinte trabajos cinematográficos en total, la mayoría de calidad nada desdeñable, entre lo que podrían destacarse "Between two worlds" con la Rapsodia para Piano “Mother and Son” ,“Juárez”, “The Private Live of Elisabeth and Essex”, “The Sea Hawk” o “King’ Row”. Tales trabajos son considerados claves en la creación musical para cine, hasta el punto de que Korngold (junto a Max Steiner) es considerado uno de los padres de la música cinematográfica.

Korngold en 1940
La inclusión del “leitmotiv” relacionado con personajes, sucesos o elementos que se repiten en la historia, la adopción de la orquesta sinfónica (la misma de las óperas de Wagner, de Strauss o del propio Korngold) que proporciona recursos suficientemente efectistas, la preponderacia del melodismo y las armonías extrictamente tonales o la modulación eminentemente cromática, son los componentes esenciales que siempre definieron la música de Korngold y dejó impronta indeleble en la música para cine que todavía se puede apreciar en las bandas sonoras de John Barry o John Williams.

Acabada la 2ª Guerra Mundial intenta un nuevo acercamiento al mundo de la "música seria", estrenando su “Cuarteto de Cuerda Nº3 op. 34, 1/4, 2/4, 3/4, 4/4; y el “Concierto para Violín op. 35” Andante (Anne-Sophie Mutter, dir. Andre Previn & The London Symphony Orchestra), dos obras espléndidas para las que utiliza material temático extraído de sus partituras cinematográficas. En 1946 con “Deception”, de la que extraerá su “Concierto para Violoncello op. 37” (Michael Schlechtriem Cello, Philharmonie Südwestfalen), cierra su etapa en Hollywood.

Tres años más tarde regresa a Viena, donde su “Serenata Sinfónica op.39” es estrenada por Wilhelm Furtwängler; sin embargo ya nadie parece interesado en su música y regresa decepcionado a Estados Unidos dos años después, donde volcará sus energías en la composición de su última gran obra sinfónica, la “Sinfonía en Fa Sostenido Mayor op. 40” (The Philadelphia Orchestra, dir. Franz Welser-Möst). En 1954 marcha, por última vez, a Europa para el estreno de ésta última obra; tras supervisar y arreglar la música de Richard Wagner para “Magic Fire”, Korngold regresa definitivamente a Estados Unidos. En 1957, con las fuerzas ya muy mermadas pero planeando una nueva ópera, sufre una trombosis cerebral y fallece el 29 de noviembre a la edad de sesenta años.

Isaac Albéniz


El 29 de mayo de 1860 nació en Camprodón, Girona, el pianista y compositor catalán Isaac Albéniz, uno de los compositores españoles más importantes del siglo XIX, especialmente por sus obras para piano, de inspiración nacionalista y lenguaje moderno. Recibió de su hermana las primeras lecciones de piano. Su primer concierto público tuvo lugar cuando tan sólo tenía 4 años, mismo año en el que fue presentado en el teatro Romea de Barcelona. A los ocho años se traslada con su familia a Madrid, asistiendo a las clases de Mendizábal en el Conservatorio.

Albéniz en 1877
Tras estudiar piano en esta ciudad e intentar, infructuosamente, ingresar en el Conservatorio de París, prosiguió sus estudios en Madrid, adonde su familia se había trasladado en 1869. Espíritu inquieto, a los diez años se fue de casa, y recorrió varias ciudades y pueblos de Castilla organizando sus propios conciertos. Una segunda fuga, en 1872, le llevó a Buenos Aires. Protegido por el secretario particular de Alfonso XII, el conde de Morphy, Albéniz, consciente de sus carencias técnicas, pudo proseguir sus estudios en el Conservatorio de Bruselas.

Rosina Jordana y Albéniz
Año importante fue el de 1882: contrajo matrimonio con su alumna Rosina Jordana y conoció al compositor Felip Pedrell, quien dirigió su atención hacia la música popular española con la necesidad de crear una música de inspiración nacional. Fue entonces cuando Albéniz, que hasta ese momento se había distinguido por la creación de piezas salonísticas agradables y sin pretensiones para su instrumento, el piano, empezó a tener mayores ambiciones respecto a su carrera como compositor. Su estilo más característico comenzó a perfilarse con las primeras obras importantes de carácter nacionalista escritas a partir de 1885, en especial con la “Suite española” de 1886: Sevilla (Jascha Heifetz, violín y Arpad Sandor, piano); Asturias (Andrés Segovia, guitarra).


Su ideal de crear una «música nacional de acento universal» alcanzó en la suite para piano 'Iberia', su obra maestra, su más acabada expresión. Admirada por músicos como Debussy, la influencia de esta partitura sobre otros compositores nacionalistas españoles, entre ellos Falla y Granados, fue decisiva.

Ella sola basta para otorgar a Albéniz un lugar de privilegio en la música española. Aunque cultivó variados géneros, en su obra predominan las composiciones para piano. En su música para este instrumento se pueden distinguir tres épocas. En la primera, que abarca desde sus composiciones de juventud hasta aproximadamente 1880, Albéniz compone obras de carácter romántico e intimista, influidas claramente por la música de salón. Entre las principales piezas de dicha etapa cabe citar sus “Siete sonatas para piano” Tercera sonata I, II, III. (Albert Guinovart, piano) y sus tres “Suites anciennes”, además de los Seis pequeños valses” 1, 2, 3, 4, 5, 6.

Su etapa nacionalista española se abre con las cinco piezas que integran los “Cantos de España” (Preludio, Oriental, Bajo la palmera, Córdoba, Seguidillas): Oriental (Alicia de Larrocha); Córdoba; (Juliam Bream); La mayoría de las composiciones de esta segunda etapa están inscritas en la corriente de tintes andaluces denominada "alhambrismo", caracterizada por la profusión de ritmos de danzas populares y de elementos del cante jondo, así como por el uso de escalas modales como la frigia y ornamentaciones propias de la escritura para guitarra; no obstante, en algunas piezas de este período también se escuchan rasgos folclóricos de otras provincias españolas.


Otras obras incluidas dentro de este apartado son las “Doce piezas características”, la “Suite Española” y el “Concierto fantástico en La menor” I, II. (Jose Menor, piano; Carlos Checa, dir. & Orquesta Sinfónica de Xalapa).

La tercera etapa creadora de Albéniz posee resonancias impresionistas, en parte fruto de sus viajes a París y de la amistad que le unió a compositores como Debussy, máximo representante del impresionismo musical francés. Las doce piezas que componen los cuatro cuadernos de “Iberia” tienen una arquitectura compleja. La mayoría de ellas emplean ritmos característicos de danza que se alternan con un estribillo lírico de carácter vocal o copla. El primer cuaderno incluye las piezas 'Evocación', 'El puerto' (The Royal Classica Orchestra) y 'Corpus Christi en Sevilla', esta última eminentemente descriptiva.

En el segundo cuaderno se hallan las obras 'Rondeña', 'Almería' (Esteban Sánchez) y 'Triana' (Pedro Carbone), que de nuevo hacen mención a rincones andaluces. El tercer cuaderno lo inicia la pieza titulada 'El Albaicín' (en honor al barrio granadino de igual nombre), seguida de 'El Polo' (Pedro Carbone) y de 'Lavapiés', única pieza de Iberia inspirada en un lugar no andaluz.

Y por último 'Málaga', 'Jerez' (Alicia Delarrocha) y 'Eritaña', que son las tres piezas que integran el cuarto cuaderno.  Albéniz no posee una producción orquestal muy amplia, pero todas sus obras sinfónicas están dotadas de un colorido y una armonía de gran riqueza, así como de destacables innovaciones instrumentales. En ocasiones incluso integraba en la orquesta instrumentos de viento de la cobla catalana.

Respecto a su música escénica, hay que citar “Pepita Jiménez”- Maravilla: Romanza: 'Amor, Vida de Mi Vida' (Manuel Moreno-Buendia & Plácido Domingo); representada en toda Europa, fue siempre la obra favorita del compositor. En esta ópera Albéniz se aleja de la tradición wagneriana para desarrollar un lenguaje autóctono, expresivo y lírico. En cambio, en sus óperas “Henry Clifford” y “Merlin” (Coro y orquesta del Teatro Real de Madrid & dir. José De Eusebio), es patente su admiración por Wagner.
Falleció el 18 de mayo de 1909 en Cambo-les-Bains (Francia).