23 octubre 2016

Toshio Hosokawa


Hoy cumple 61 años el compositor japonés Toshio Hosokawa, nacido en Hiroshima. En 1976 viaja a Berlín Oeste para estudiar piano, con Rolf Kuhnert y teoría de la música, con Witold Szalonek en la Hochschule der Künste. (Universidad de las Artes)

En 1980 participa por primera vez en los Cursos Internacionales de Verano de Música Nueva de Darmstadt. Desde entonces sus obras han sido interpretadas en toda Europa y Japón, adquiriendo reputación internacional. Galardonado en numerosas ocasiones, Hosokawa ha recibido el Primer Premio del Concurso de Composición por el centenario de la Filarmónica de Berlín (1982), el Premio Arion (1984), el Premio Kyoto (1988), el Premio de Rheingau (1998) y el Premio de Duisburg (1998), así como el Premio música viva del ARD y del BMW AG (2001). En 2001 fue nombrado miembro de la Academia de las Artes de Berlín.

Hosokawa ha sido invitado, como compositor y profesor, prácticamente por todos los grandes festivales de música contemporánea, y en especial: Cursos Internacionales de Verano de Música Nueva de Darmstadt, Bienal de Venecia, Bienal de Munich, Academia Internacional de Verano del Mozarteum de Salzburgo, Semanas Internacionales de Lucerna, música viva de Munich, Klangspuren de Schwaz, Música Nova de Helsinki, Centre Acanthes de Villeneuve-lès-Avignon y Otoño de Varsovia.
Desde 2001 Hosokawa es director musical del Takefu International Music Festival y desde 2004 profesor invitado del Tokyo College of Music. Ha sido “composer in residence” del DSO Berlin en la temporada 2006/2007 y del WDR Rundfunkchor Köln en 2006-2008. Hosokawa ha sido además “fellow” del Wissenschaftskolleg zu Berlin en las temporadas 2006/2007 y 2008/2009.

'Koto' o arpa japonesa
Bajo formas de aliento europeo, en la obra de Hosokawa palpitan tradiciones japonesas entendidas de manera viva y dinámica. La métrica de su poesía, la caligrafía desde el gesto y la energía iniciales hasta el último trazo, la dicotomía entre sonido y silencio, el zen, el espíritu del teatro “Nô” y el uso de instrumentos nipones como el “koto” o el “shô”, se dan cita en una música que brota, se expande y se repliega sobre sí misma como si fuera un ser vivo, naturaleza sonora impregnada de la vaporosa neblina de los bosques japoneses.

Desde muy joven se sintió fascinado por la creación contemporánea occidental y se trasladó a Europa para estudiar con Ysang Yun y con Klaus Huber. Fue el coreano quien le instó a descubrir la música tradicional de su país natal, por la que hasta entonces no había sentido demasiado interés. Además de Yun, se reconoce deudor de otras dos figuras imprescindibles: su más ilustre predecesor japonés, Toru Takemitsu y su íntimo amigo Helmut Lachenmann. “La música debe aspirar a lo elevado”; con estas palabras Toshio Hosokawa explicaba en una entrevista su deseo de alejarse de las estéticas de otros compositores. La verdad es que en su propio país la música clásica japonesa ha estado limitada a un aspecto funcional, siendo interpretada sólo durante las festividades religiosas en los templos o en las ceremonias de matrimonio: se trataba por lo tanto de una música ceremonial que haría su primera entrada en el universo musical, con ocasión de actos oficiales, en países extranjeros. Durante largo tiempo esta vía le sería inaccesible en Japón, donde a causa de su condición de música de la corte imperial estaba destinada sólo al emperador, oculta tras los muros de palacio y lejos de los oídos del pueblo.

'Shô', instrumento de viento japonés
Los elementos que Hosokawa ha tomado del “gagaku” para su propia expresión musical son en primer lugar el trazo, de gran solemnidad, pero también ciertas figuras rítmicas como la pulsión acelerada del tambor “kakko” o la estructura generalmente heterofónica de su lenguaje musical: las gamas armónicas, largamente sostenidas, son así individualmente “establecidas” por las distintas voces orquestales; o dicho de otro modo, cada instrumento despliega sus propias líneas según un catálogo limitado de sonoridades, válido para todos. Si la homofonía estuviera representada por la vertical y la polifonía por la horizontal, el método heterofónico de Hosokawa lo estaría exactamente por la diagonal.
En estos paisajes sonoros, privados por tanto de evolución, Hosokawa no deja sin embargo de explorar una sorprendente diversidad, reveladora por otra parte de una metodología extremadamente sencilla.

Familia de 'shakuhachis'
La capacidad de Hosokawa para transformar lo escaso en abundante esconde, por una parte, su gran dominio de las técnicas compositivas occidentales y, por otra, su raigambre en esa cultura japonesa de la simplicidad, de la pureza e incluso de la pobreza. Aportemos un ejemplo: cuando las tres notas superiores y las tres inferiores de un acorde son permutadas por una octavación invertida y este simple procedimiento crea un tipo de tensión novedosa, generando un campo armónico también original que proporciona accesos inéditos a un nuevo universo de signos y una riqueza sonora de insospechada variedad, se nos muestra con claridad, entonces, que esta música no quiere nada, que no “persigue” nada y que no aspira a nada. Una música coherente consigo misma, con su propia belleza. Y por supuesto, con su propio sentimiento de elevación.
No por casualidad el concierto para flauta y orquesta “Per-Sonare” (1988) es la primera composición de Hosokawa para instrumento solista y orquesta; la flauta es el único instrumento europeo cuyas sonoridades podrían compararse hasta cierto punto con las de su equivalente japonés. Claramente puede percibirse que el sonido del “shakuhachi” (flauta de bambú) ha inspirado esta música con sus sonoridades agrietadas, a menudo ruidosas, en las cuales se funden el sonido del instrumento y el aliento del soplo: “per-sonare”.


El compositor Japonés, recrea la experiencia de sus padres y vecinos ante el estallido de la bomba atómica, en “Hiroshima Requiem”, (1989 y 1991). “Death and Resurrection” , recientemente actualizó la partitura con una nueva versión. Según Hosokawa: “La bomba atómica fue un suceso contra la naturaleza. Causa horror que el ser humano fabricara semejante monstruo. Un monstruo como Fukushima del que, por cierto, nos hemos servido mientras funcionaba. Me interesa cómo se puede vivir en armonía con la naturaleza, por eso compuse aquellas piezas. No se trata de un pronunciamiento político, sino de una forma de expresar mi rechazo contra esos hechos. Y sí, aún es pronto, pero en el futuro escribiré algo sobre lo que acaba de ocurrir en mi país.”

El concepto de sonido como paisaje ha proporcionado al concierto para arpa y cuarteto de cuerdas de 1993 su título, “Landscape II” (1992), que forma parte de un ciclo de composiciones para diferentes combinaciones instrumentales. La simplicidad de las técnicas evocadas parece evidente –aún resultando evidente también el modo en que el compositor, por el recurso a esta simplicidad, encuentra todo tipo de soluciones–. Los elementos se reducen principalmente a dos gestos sonoros diferentes: un continuo horizontal/diagonal en la zona dinámica generalmente inferior y unos cortes verticales, extremadamente potentes y agudos, que recuerdan a rudas rocas destacando sobre un paisaje de suaves relieves. Hosokawa ha estudiado atentamente la conjunción de tales gestos sonoros en una serie de obras camerísticas, “Vertical Time Studies”.

'Monje a la orilla del mar', de Friedrich
El concierto para piano “Ans Meer” fue estrenado en 1999 con ocasión de la entrega del Premio de la Música de Duisburgo a Hosokawa; la obra está dedicada al pianista Bernhard Wambach. La obra retoma y adapta otra anterior, el “Concierto para saxofón y orquesta” (1998), en el que el compositor reúne los gestos sonoros antes mencionados dentro un repertorio propio de técnicas pianísticas. Hosokawa se inspiró en la obra pictórica “Monje a la orilla del mar”, de Caspar David Friedrich para componer este concierto. La orquesta debe disponerse con la sección de cuerda, el arpa y la percusión a la izquierda, mientras que las secciones de viento madera y viento metal se sitúan a la derecha. El sonido se desplaza de un lado a otro, como olas, según palabras del compositor.
Sus composiciones incluyen obras para orquesta, Conciertos de música de cámara, música para Instrumentos tradicionales japoneses, Bandas sonoras de películas, óperas.

Obras destacadas:
Escena de 'Hanjo'
Operas
- “Vision of Lear” (1988)
- “Hanjo” (2004)
- “Matsukaze” (2011)

Oratorios
- “Voiceless Voice in Hiroshima” para solistas, narradores, coro y orquesta (1989/2001)

Orquesta y Música de cámara
- “Banka, para voz y jûshichigen” (1989)
- “Nocturne”, para “jûshichigen” (koto de 17 cuerdas) (1982)
- “Ferne Landschaft” (1987)

- “Memory” (1996), violoncello y piano, que es tal vez la más conocida de Hosokawa. El subtítulo “A la memoria de Isang Yun”, nos sirve para comprender el agradecimiento y el amor de Hosokawa por quien fuera su gran maestro en Berlín.
- “Silent Flowers” para cuarteto de cuerda (1998)
- “Concierto para clarinete” (2000)
- “Deep Silence” (2002), duetos para “sho” y acordeón que incluye:
“Cloudscapes - Moon Night”
• “After a drawing” of Rudolf Steiner
“Sen V”

- “Circulating ocean” para orquesta, (2005) 1/2, 2/2
- “Moment of Blossoming” para trompeta y orquesta (2007) (Berliner Philharmoniker, dir. Simon Rattle)
-“Viaje X” (para “shakuhachi”), creado en junio de 2009 como parte de MusikFabrik Bachfest Festival de Leipzig.
- “Ave María”
- “Canto, para violonchelo y orquesta” estrenada en abril de 2009 en Colonia.
- "Noche desangelada, noche gemela desde la torre" (2009) "Vuelan las sonrisas de Clara Ivanna hacia la noche transfigurada"
- “Für Walter” para soprano, saxofón, piano y percusión (2010).

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