27 octubre 2012

Niccolò Paganini


El 27 de octubre de 1782 nació en Génova el violinista, violista, guitarrista y compositor italiano, Niccolò Paganini, nació considerado entre los más famosos virtuosos de su tiempo, reconocido como uno de los mejores violinistas que hayan existido, con oído absoluto y entonación perfecta, técnicas de arco expresivas y nuevos usos de técnicas de “staccato” y “pizzicato”.

Su padre Antonio, un parroquiano que tocaba el mandolín y el violín, cuya esposa era amante de la música comenzó a enseñarle a Nicolò a tocar el mandolín a los cinco años, y el violín dos años después.
A los diez años se presentó en público por primera vez y cuando tenía 13 fue llevado a Parma a estudiar junto al famoso Alessandro Rolla, quien, sin embargo, rechazó a Nicolò diciéndole que ya sabía todo lo que él podía enseñarle. A pesar de ello continuó estudiando composición y aprendió varios trucos sobre oficio de violinista de viejos instrumentistas; el modo de tocar de Paganini parecía haber sido original, prácticamente desde el comienzo.

Hasta 1810, el interés de Paganini se centró en conseguir algún puesto. Después de presentarse en Livorno y Modena, se trasladó a Lucca y se dedicó por un tiempo a la composición, la enseñanza y la dirección de la orquesta de la corte. Cuando esta agrupación se disolvió en 1808 decidió concentrarse en su carrera como “artista libre” y a desarrollar su particular habilidad para demostrar el talento que poseía. Determinado a conquistar Milán, considerado el centro cultural italiano de la época, llegó a la ciudad en 1813 y presentó “Le Streghe, Op. 8” (Las brujas) (Wolfgang Marschner), inspirada en el ballet “II noce di Benevento”, una obra basada en un tema de Süssmayr que se estrenó en La Scala con gran éxito. Similar éxito tuvo en los siguientes dos meses cuando realizó once conciertos en Milán.

Tan importante como “Le Streghe” fue la serie de :“Veinticuatro Capricci para violín solo, Op.1”: o “Caprichos nº1 –nº05 para violín solo” (Ithzak Perlman) o “Capricho nº.9- La caccia”, (Ithzak Perlman) o “Capricho nº.13- La risata del diavolo”. (Jascha Heifetz). Paganini escribió inspirado por una colección de Locatelli que explora cada aspecto de la técnica del violín. Pero más que ejercicios son verdaderos estudios cuya influencia no sólo afectó a violinistas sino también a intérpretes de otros instrumentos y a compositores. Además creó numerosas obras en las que involucraba de alguna manera a la guitarra, exactamente 200 piezas: (John Williams toca Gran Sonata en la mayor). Partitura de “6 Sonatas para violín y guitarra"


Si bien Paganini logró renombre nacional, gracias al triunfo de sus conciertos en Milán y otras ciudades italianas, pasaron quince años antes de que decidiera iniciar una carrera internacional. Al parecer no se sentía bien preparado para enfrentar al público de las capitales culturales europeas, ya que tenía que demostrar que no se trataba solamente de un mago de la técnica, sino además de un compositor capaz y creativo.

Hasta entonces sus recitales incluían conciertos de Viotti y de Kreutzer, pero antes de entrar en el extranjero compuso sus obras para violín basadas en temas de las populares óperas de Rossini y los primeros tres conciertos para violín el “Concierto N°1” en 1819 (Yehudi Menuhin) y tanto el “Concierto N°2” como el "Concierto N°3" en 1826 (Salvatore Accardo, violín & The London Philharmonic & dir. Charles Dutoit).
En todo este periodo Paganini se vio afectado por enfermedades que le dieron aquel aspecto cadavérico que pronto le caracterizaría. La primera le atacó en 1822 y la segunda en 1826.

Precisamente aprovechó esas ocasiones para componer y poco después de mejorarse estrenó en 1827 el más famoso de sus conciertos, el segundo, conocido como “La Campanella” “Concierto No. 2 en si menor - La Campanella” Op. 7: I. Allegro maestoso – Cadenza (London Philharmonic Orchestra & Salvatore Accardo) por emplear una pequeña campanilla durante el tema recurrente del rondó final. En Viena, los miembros de sus audiencias tomaban asiento dos horas antes de que comenzara la presentación por temor a perder sus lugares. En Leipzig, el afamado profesor de piano Friedrich Wieck, padre de Clara Schumann, anotó en su diario: “Nunca ha nacido un artista que sea tan magnífico e incomparable como él en tantos géneros.”

En Berlín, Mendelssohn escribió a su amigo, el pianista Ignaz Moscheles: “Su ejecución está más allá de todo concepto ya que jamás se equivoca. Pides demasiado si esperas que te de una descripción de sus interpretaciones. Me tomaría una carta entera hacerlo, pues él es tan original, tan único, que requeriría un análisis exhaustivo el transmitir una impresión de su estilo.
Su técnica asombraba tanto al público de la época que llegaron a pensar que existía algún influjo diabólico sobre él, porque a su vez su apariencia se notaba algo extraña y sus adelantos musicales eran una verdadera obra de arte. Se decía que en la mayoría de sus apuntes aparecía una nota extraña la cual decía "nota 13".

Podía interpretar obras de gran dificultad únicamente con una de las cuatro cuerdas del violín (retirando primero las otras tres, de manera que éstas no se rompieran durante su actuación), y continuar tocando a dos o tres voces, de forma que parecían varios los violines que sonaban. Además en la mayoría de sus espectáculos usaba la improvisación. Esto indica lo cercano que estaba su arte al mundo del espectáculo. Paganini tenía flexibilidad excesiva de las articulaciones. «Este Paganini realiza los doble-double-stoppings y los trinos asombrosos». Sandblom escribe: «su muñeca era tan floja que él podría moverla y torcerla en todas las direcciones". Se ha sostenido en algunos artículos que Paganini podría deber su incomparable virtuosismo con el violín a la conjunción afortunada de genio musical, aptitud natural para el drama y destreza manual dada por la hiperlaxitud articular y dedos largos probables en el Síndrome de Marfan o en el Síndrome de Ehlers-Danlos.

Los músicos se impresionaban y se tejieron leyendas alrededor de él. Se decía que Paganini era hijo de una bruja y del diablo, incluso que él mismo era el diablo. Su costumbre de ir a los cementerios a tocar para los muertos atraía, también, a los vivos: personas que no podían pagar los conciertos asistían a los cementerios a escuchar a Paganini de manera gratuita. Su fama de excéntrico y sus costumbres tildadas de heréticas se mezclaban con una técnica y un virtuosismo nunca antes vistos. Pero hubo quien dijo que lo vió alguna noche, mucho antes de que su leyenda creciera, invocar al diablo, postrarse delante del Maligno y repetirle el juramento. “Le dijo que su alma era suya a cambio de tocar como un ángel. Se encendió una luz que me cegó, Paganini se puso de pie y siguió su camino”, así dijo aquel testigo. Hubo quien le creyó y quien no le creyó. Más aquella versión fue creciendo y la gente hacia tumultos para verlo, y para oírlo tocar. Todos habían oído hablar de él, no sólo los cultos. Hasta los mendigos y las prostitutas compraban sus entradas apenas se anunciaba que tocaría Nicolò Paganini, “El violinista del diablo”, como empezaron a llamarlo.


Lo cierto es que a Paganini la vida le sonreía por donde pasaba. Su presencia impactaba a las mujeres al punto de arrojarse a sus pies. Y si no bastaba con su glamour, ahí estaba su manera de tocar el violín. Así anduvo Paganini, de mujer en mujer, de cama en cama.

Era lo que más le atraía, junto con el dinero para gastarlo, para jugarlo. Tal vez porque durante su niñez había padecido pobreza y miseria, dinero que caía en sus manos, dinero que gastaba. Y con la misma prontitud volvía a gastar más. Con la ventaja de que a veces ni en violines gastaba. Alguna vez que iba a tocar a un palacio y se le olvidó su propio instrumento, el anfitrión, de cuna noble y filántropo, extrajo su Guarnerius personal de la vitrina donde lo tenía a la vista de todos, y se lo prestó a Paganini para que saliera del aprieto. Después de que el violinista hubo tocado, el príncipe, duque, marqués o lo que haya sido, no fue capaz de guardar el violín en su sitio. Se lo regaló a Paganini sin dejar de besarle las manos.
Quizás la leyenda del violinista del diablo se basó en lo que alguna vez relató Tartini acerca de su sonata “El trino del Diablo” (Ingolf Turban, Ursula Duetschler & Yves Savary): “Una noche, en 1713, soñé que había hecho un pacto con el Diablo y estaba a mis órdenes. Todo me salía maravillosamente bien; todos mis deseos eran anticipados y satisfechos con creces por mi nuevo sirviente. 

Ocurrió que, en un momento dado, le di mi violín y lo desafié a que tocara para mí alguna pieza romántica. Mi asombro fue enorme cuando lo escuché tocar, con gran bravura e inteligencia, una sonata tan singular y romántica como nunca antes había oído. Tal fue mi maravilla, éxtasis y deleite que quedé pasmado y una violenta emoción me despertó. Inmediatamente tomé mi violín deseando recordar al menos una parte de lo que recién había escuchado, pero fue en vano. 

Il Cannone
La sonata que compuse entonces es, por lejos, la mejor que jamás he escrito y aún la llamo 'La sonata del Diablo' (Sonata Nº 6), (Gil Shaham & Göran Söllscher), pero resultó tan inferior a lo que había oído en el sueño que me hubiera gustado romper mi violín en pedazos y abandonar la música para siempre....” Esta fama "demoníaca" llegó hasta el lecho de muerte, cuando se negó a ser asistido por un sacerdote. Murió en Niza el 27 de mayo de 1840. Llegó a poseer cinco violines Stradivarius, dos Amati y un Guarnerius (su violín favorito) llamado “Il Cannone”.

Otras obras:
“Fantasía para la cuerda en Sol” (Yehudi Menuhin, violín), sobre el Mosé de Rossini, para violín y orquesta
• Tríos para cuerdas, “Trío concertante en Re mayor” para Viola, guitarra, violonchelo (Tomotada Soh, Claude Stack & Dagoberto Linhares)

“Moto Perpetuo en Do”, allegro del concierto, Op. 11 para violín y orquesta (Itzhak Perlman).
• “Sonata appassionata” y otras para violín y piano.
• Doce sonatas y dos sonatinas para violín y guitarra. “Seis sonatas M.S. 27 (Op. 3) para violín y guitarra” – “Sonata No. 6 en Mi menor: Andante" Sonata del diablo (Gil Shaham & Göran Söllscher)
• Dos sonatas para guitarra.
• Caprichos para guitarra, “Capricho Nº 4 en do menor” (Ellior Fisk)

• Catorce cuartetos para violín, viola, violoncelo y guitarra. “Cuarteto No. 7 - 1/4 Allegro Moderato”. (Wilfred Lehmann - Violín. Hartmut Lindemann – Viola).
“Variaciones sobre la plegaria del Mosé de Rossini” (David Ostrakh, Vladimir Yampolski), en la cuarta cuerda, para violín y piano.
Variaciones sobre “Di tanti palpiti”, del Tancredi de Rossini, para violín y piano, Introducción (Leonid Kogan).
Variaciones sobre “Nel cor Piou non mi sento”, de la bella molinara, de Paisiello, para violín y piano (Dmitri Makhtin, violín) .
“Variaciones sobre el Carnaval de Venecia”.
• “Variaciones sobre la Carmagnola.”
“Cantabile en Re mayor Opus 17” (Ruggiero Ricci, violín - Stefano Cardi, guitarra).
“Divertimento carnevalesco o Alessandrin” (Vadim Repin)• 60 variaciones con acompañamiento de piano y guitarra: Variación "God save the King" (Frank Peter Zimmermann).

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