16 diciembre 2012

Ludwig Van Beethoven


El 16 de diciembre de 1770 nació en Bonn, Sacro Imperio Romano Germánico, el compositor, director de orquesta y pianista alemán Ludwig van Beethoven. Es uno de los compositores más importantes de la historia de la música y su legado ha influido de forma decisiva en la música posterior. Considerado el último gran representante del clasicismo vienés (después de Christoph Willibald Gluck, Joseph Haydn y Wolfgang Amadeus Mozart), Beethoven consiguió hacer trascender la música del romanticismo, influyendo en diversidad de obras musicales del siglo XIX. Su arte se expresó en numerosos géneros y aunque las sinfonías fueron la fuente principal de su popularidad internacional, su impacto resultó ser principalmente significativo en sus obras para piano y música de cámara.

Beethoven con 13 años
Beethoven, desde pequeño mostró notables disposiciones para la música, por lo cual su padre, tenor de la corte y muy dado a la bebida, obsesionado por el ejemplo de Mozart, quiso hacer de él un prodigio, obligándolo a estudiar duramente. Recibió lecciones, además de su padre, de Pfeiffer, van der Eeden, Rovantino, los PP. Koch y Zeese. Neefe le hizo estudiar el "Clavecín bien temperado" de J. S. Bach, que en esa época (1781) sólo existía en copias manuscritas, las sonatas de Carlos Felipe Emmanuel Bach, y las de Muzio Clementi. El pequeño Ludwig poseía un talento tal que a la edad de 12 ya era asistente al organista Christian Gottlob Neefe.
Los intentos para establecerlo como un niño prodigio al modelo de Mozart tuvieron poco éxito. En el invierno de 1786 visitó Viena, donde conoció personalemnte a Wolfgang Amadeus Mozart, y de quien recibió algunas lecciones. Mozart comentó así a alguno de sus amigos: "Escuchen a este joven; no lo pierdan de vista que alguna vez hará ruido en el mundo".

Casa natal de Beethoven en Bonn
En 1787 Beethoven fue enviado a Viena, pero su madre cayó enferma, y tuvo que volver a Bonn casi inmediatamente. Ella murió unos meses después, y en 1789 el mismo Ludwig pidió a su padre alcohólico que se retirara, un hecho que lo dejó a cargo de sus hermanos menores Caspar Carl y Nikolaus Johann. Beethoven dejó Bonn por Viena por segunda vez en Noviembre de 1792, para poder estudiar con Franz Joseph Haydn. Dos años después, fuerzas francesas tomaron Renania; consecuentemente los nexos y el soporte de la corte de Bonn llegaron a su fin. Su padre había muerto un mes después de su salida de Bonn, en 1794, y en 1795 sus dos hermanos se reunieron con él en Viena. Permaneció ahí por el resto de su vida, saliendo sólo por celebraciones de verano largas alrededor de las fronteras del país, y en sus primeros años, para conciertos ocasionales en ciudades cercanas. Sus únicos viajes extensos fueron a Praga, Dresden y Berlín en 1796.

Ludwig en 1801 por Carl T. Riedel
Su primer concierto como pianista lo dió el 30 de marzo de 1795; pero no fue hasta el 2 de abril de 1800, cuando se mostró ante el gran público presentando su “Gran Concierto para pianoforte”, su “Septuor” y su “Primera Sinfonía”.Su fama precoz como compositor de conciertos y graciosas sonatas, y sobre todo su reputación como pianista original y virtuoso le abrieron las puertas de las casas más nobles. La alta sociedad lo acogió con la condescendencia de quien olvida generosamente el origen pequeño burgués de su invitado, su aspecto desaliñado y sus modales poco sociables. Durante estos «años felices», Beethoven llevaba en Viena una vida de libertad, soledad y bohemia, auténtica prefiguración de la imagen tópica que, a partir de él, la sociedad romántica y postromántica se forjaría del «genio». Esta felicidad, sin embargo, empezó a verse amenazada muy pronto, ya en 1794, por los tenues síntomas de una sordera que, de momento, no parecía poner en peligro su carrera de concertista.

Beethoven en 1805
Ese mismo año escribió en su Diario Intimo: "¡Valor! A pesar de todas las flaquezas del cuerpo, mi genio triunfará... ¡Veinticinco años! Los tengo ya, y es necesario que en este año el hombre se revele todo entero".  Ya en esta época los rasgos de su carácter están bien definidos: existe en su alma una bondad sin límites; amor a la verdad y a la humanidad; conciencia de su valor; una tenacidad férrea que no desmaya ante ningún obstáculo. Por otra parte su sensibilidad se manifiesta en exaltados impulsos de fuerza, de alegría, de tristeza y de profunda melancolía, que arrancan del corazón y que hacen vibrar, con la potencia de su sinceridad, a sus semejantes.

Giulietta Guicciardi
En 1801 y 1802 la progresión de su sordera, que Beethoven se empeñaba en ocultar para proteger su carrera de intérprete, pero que expresaba en el famoso “Testamento de Heiligenstadt”, fue tal que el doctor Schmidt le ordenó un retiro campestre en Heiligenstadt, un hermoso paraje con vistas al Danubio y los Cárpatos. Ello supuso un alejamiento de su alumna, la jovencísima condesa Giulietta Guicciardi, de la que estaba profundamente enamorado y por la que parecía ser correspondido. Obviamente, Beethoven no sanó y la constatación de su enfermedad le sumió, como es lógico que ocurriera en un músico, en la más profunda de las depresiones.

El príncipe Kinsky
Beethoven nunca mantuvo una posición oficial en Viena. Se mantenía a sí mismo dando conciertos, enseñando piano, incrementadamente a través de las ventas de sus composiciones. Los miembros de la aristocracia vienesa fueron sus patrones seguros, y en 1809 tres de ellos -El príncipe Kinsky, el príncipe Lobkowitz, y el archiduque Rodolfo de Habsburgo- le llegaron a garantizar un ingreso anual con la única condición de que se quedara en Viena. Las excentricidades del músico aumentaron a partir del año 1809. Sus conciertos en público eran contados y en el año 1814 ofreció el último. A pesar de los rumores que circulaban entre las personas cercanas a él sobre sus repetidos enamoramientos, Beethoven siempre elegía a mujeres inaccesibles que pertenecían a la aristocracia, estaban casadas, o las dos cosas a la vez.

Therese Malfatti
Como Giulietta Guicciardi, Therese Malfatti fue una de las alumnas de Beethoven y así como con Giulietta, se enamoró de ella, decidiendo proponerle matrimonio. En la primavera de 1810 el músico fue invitado a la residencia de los Malfatti a una soirée que ofrecía el padre de Therese a sus conocidos y a los amigos de la familia. Beethoven había compuesto una pequeña pieza de piano (Bagatelle Opus 59 Für Therese), que el compositor pretendía interpretar ante los invitados para posteriormente pedir la mano de Therese. Parece ser que el ponche que sirvió el anfitrión a sus invitados era inusualmente fuerte y Beethoven bebió una cantidad excesiva, por lo que fue incapaz de sentarse al piano y menos aun de proponer nada a nadie. No obstante, Therese pidió al músico que le dedicara la partitura y él con una escritura prácticamente ilegible, escribió: "Für Therese" (Para Therese). Cuando Therese murió, el manuscrito original fue hallado entre sus efectos personales. Se llevó a un editor musical, quien inmediatamente reconoció la firma de Beethoven, decidiendo publicarlo. Lo publicó bajo el título 'Bagatelle', pero aparentemente, malinterpretó la dedicatoria. 'Für Elise' fue el título que apareció en la portada de la partitura y la pieza -quizás la más conocida pieza de piano compuesta por Beethoven-, ha sido conocida bajo ese nombre desde entonces.


En la carta dirigida a su 'amada inmortal' (que se supone nunca llegó a enviar y está fechada en el año 1812), expresa sus sentimientos hacia la única mujer que debió corresponderle. El misterio de la identidad de esta mujer se resolvió en 1977 gracias al musicólogo estadounidense Maynard Solomon.

Antonie Brentano
Se trataba de Antonie Brentano, esposa de un mercader de Frankfurt y madre de cuatro hijos. Su sentido ético y el miedo al matrimonio, hicieron que Beethoven huyera de esta relación, a pesar de los conflictos emocionales que le causó. Extracto de la carta a su 'amada inmortal':
"…Incluso cuando estoy en cama mis pensamientos van a hacia ti, mi eternamente querida, ahora y entonces alegremente, después otra vez tristemente, esperando para saber si el Destino oirá nuestra plegaria, para hacer frente a vida que debo vivir en conjunto contigo o nunca verte. 

Antonie Brentano
Sí, estoy resuelto a ser un extranjero vagabundo hasta que pueda volar a tus brazos y decir que he encontrado mi hogar verdadero con usted y envuelto en tus brazos puedo dejar que mi alma flote hasta el reino de almas bendecidos. Ay!, desafortunadamente debe ser así. Debes estar tranquila, tanto más pues sabes que te soy fiel; ninguna otra mujer podrá nunca poseer mi corazón, nunca, nunca. Oh Dios, por qué debe uno ser separado de aquella que le es tan querida. Para más, mi vida en Viena es actualmente desgraciada.Tu amor me ha hecho el más feliz y el más infeliz de los mortales. A mi edad necesito estabilidad y regularidad en mi vida, puede esto coexistir con nuestra relación? Ángel, acabo de oír que va el correo cada día, y por lo tanto debo cerrar ésta, de modo que puedas recibirla la inmediatamente. Mantente tranquila; solamente al considerar tranquilamente nuestras vidas podremos alcanzar nuestro propósito de vivir juntos. Mantente tranquila, amame, hoy, ayer. Qué nostalgia llena de lágrimas por tí, por tí, por tí, mi vida, mi todo. Todos los buenos deseos a tí. Oh, continúa amándome, nunca juzgues mal el corazón fiel de tu amado.
Siempre tuyo
Siempre mía
Siempre de ambos "


Rodolfo de Habsburgo
En 1815, tras la muerte de su hermano mayor, Casper Carl, Beethoven empleó todas sus energías en un costoso pleito legal contra su cuñada, por la custodia del hijo de nueve años de aquel, llamado Karl. En un principio la madre obtuvo el favor del tribunal, pero la intervención en 1820 del archiduque Rodolfo, el protector más poderoso del músico, hizo que ganara el juicio. Beethoven no actuaba como un padre ideal y los roces y desavenencias surgidos entre ellos desembocaron en 1826 en un intento de suicidio por parte de Karl. En 1818 Beethoven, ya sordo por completo, tuvo que utilizar 'libros de conversación' en donde la gente escribía sus notas y observaciones para que el compositor los entendiera. Renegó de todo el mundo menos de un pequeño y cerrado círculo de amigos.

Tumba de Beethoven en Viena
A pesar de todo, ya había alcanzado un gran prestigio y en su lecho de muerte recibió todo tipo de muestras de simpatía. Murió en Viena el 26 de marzo de 1827. Dos días después de su fallecimiento, el 29 de marzo, tuvo lugar el funeral. Se celebró en la Iglesia de la Santa Trinidad, a unas docenas de metros del domicilio de Beethoven, y en él se interpretó el “Réquiem en re menor” de Wolfgang Amadeus Mozart. También el cortejo fue acompañado por cantores que entonaban los “Equali” compuestos por Beethoven para el día de Todos los Santos, en arreglo coral para la ocasión.
Asistieron al mismo más de 20.000 personas, entre las que se encontraba Schubert, gran admirador suyo. En 1888 los restos fueron trasladados al cementerio central de Viena.


LA OBRA DE BEETHOVEN
Su producción incluye los géneros pianísticos (treinta y dos sonatas para piano), de cámara (dieciséis cuartetos de cuerda, siete tríos, diez sonatas para violín y piano), vocal (lieder y una ópera: Fidelio), concertante (cinco conciertos para piano y orquesta, uno para violín y orquesta) y orquestal (nueve sinfonías, oberturas, etc.), entre las que se encuentra el ciclo de las Nueve Sinfonías, incluyendo la Tercera Sinfonía, también llamada Heroica, en mi bemol mayor, la Quinta Sinfonía, en do menor y la Novena Sinfonía, en re menor (cuyo cuarto movimiento está basado en la Oda a la Alegría, escrita por Friedrich von Schiller en 1785).

A caballo entre dos épocas, Beethoven no creó realmente ninguna de las formas musicales de las que se sirvió, pero amplió sus límites y modificó profundamente su estructura a través de un cúmulo de nuevas ideas que se encargó de expresar. Para él, la forma tenía menos importancia que la idea. Por ello, en una época de cambio, de intersección entre el clasicismo y el romanticismo, no fue un rupturista, sino un reformador que utilizó las formas clásicas heredadas para exteriorizar su ideal romántico. Abrió así el camino al romanticismo musical desde la forma clásica. Su obra, que puede dividirse en tres épocas, refleja el conflicto entre el pasado y el porvenir, entre el clasicismo y el romanticismo, entre la forma y la idea, y es el punto crucial en el que se conjugan las aportaciones de siglos anteriores con las nuevas perspectivas musicales

Beethoven en 1814
Junto a Haydn y Mozart, Beethoven forma el trío de clásicos vieneses al que se debe la consumación de las formas instrumentales clásicas. Fue un renovador de los conceptos de armonía, tonalidad y colorido instrumental y llevó a la perfección el género sinfónico. Entre sus particularidades técnicas se cuenta el haber desechado el clásico ritmo de minueto por el más vigoroso del scherzo, obteniendo así contrastes emotivamente más intensos y aumentando la sonoridad y variedad de texturas en las sinfonías y en la música de cámara.

En su obra se distinguen tradicionalmente tres períodos: uno inicial o de formación, que finaliza en 1802, llamado también "periodo de Bonn"; un segundo periodo que finaliza en 1812 y que se denomina "periodo Vienés", y un tercero y último que se desarrolla entre 1813 y 1827. El musicólogo Wilhelm von Lenz fue el primero, en 1852, en dividir la carrera musical de Beethoven en estas tres grandes etapas estilísticas. Algunos musicólogos han mostrado su discrepancia hacia esta división, pues consideran que debería añadirse un cuarto período, resultado de dividir en dos su primera época, pero la división en tres etapas se corresponde a la perfección con los puntos de inflexión de la biografía de Beethoven y por ello sigue manteniéndose en la actualidad.


PERIODO DE FORMACIÓN - "Periodo de Bonn"
En su primer periodo destacan sus primeras sonatas para piano y sus cuartetos, muy influidos por las sonatas para violín y piano de Mozart. El músico austriaco, junto a Neefe y Sterkel, representa una de sus principales influencias en su obra de juventud. Dos de sus sonatas para piano, la "Patética" de 1799 y "Claro de Luna" de 1801 representan innovaciones notorias en el lenguaje de la sonata pianística.

Estatua en Bonn
Las composiciones de esta época son abundantes, y aunque entroncan con la tradición de Haydn y Mozart, empiezan ya a sorprender por un sello personalísimo muy acusado: permiten vislumbrar la presencia de una energía física y moral que no tardará en modificar las normas de la música del siglo XVIII. Los tiempos lentos evolucionan paulatinamente, de un clima de melancolía y ternura afectuosa a una experiencia del dolor cada vez más profunda; su ritmo disminuye hasta casi una suspensión mortal de todo movimiento, y en el tránsito de la suavidad de los "andante" a la tristeza de los "adagio" y los "lento" van descubriéndose poco a poco abismos de desesperación.

El piano de Beethoven
Entre 1785 y 1800 compone alrededor de 100 obras que incluyen 3 conciertos para piano, algunas sonatas para piano de Beethoven incluyendo la famosa sonata “Patética” (Sonata para piano en do menor, op. 13), de 1799 , Mov 1, con su arrogancia vehemente que constituye el anticipo de lo que más adelante habrá de ser el segundo de los tres "estilos" reconocidos por Lenz en el arte de Beethoven o la también segunda sonata del Opus 27 de Beethoven, decimocuarta de la colección para piano, la famosa “Claro de Luna” en Do sostenido menor, op. 27, No. 2, (Vladimir Horowitz), dedicado a la condesa Giulietta Guicciardi. También se encuentra la sonata la “Aurora ó Waldstein” Op. 53 (Horowitz) y la “Appasionnata” (Glenn Gould) que es la última de las cuatro más célebres sonatas de Beethoven.

Los dos primeros conciertos para piano y orquesta, op. 15 (1797) y op. 19 (1800) fueron verdaderas tarjetas de visita del joven compositor y virtuoso; el divertido “Septimino, op. 20” (1709) o (Septett Prunaru y el lied “Adelaida” conocieron una rápida popularidad. Son también obras de este periodo el “Trío Nº 1 op. 1” (1795) Adagio (The New Arts Trio); el“Trío op. 11”, "Gassenhauer-Trio" (1798) 1. Movimiento: Allegro con brio (Copenhagen Clarinet Trio); la “Serenata, op. 8” (1796) (Trío Grumiaux) y los “Tríos de la op. 9” (1797) para cuerda;

Otras obras de ese periodo son las “Sonatas para violoncelo”, como la "Sonata para violoncelo en Do mayor" Adagio (Jackeline Du Prè) y los “Seis cuartetos de la op. 18” (1799), donde en el trágico “Adagio” del Nº 1, (Alban Berg Quartet) describe el drama de dos amantes en el momento de separarse; un diálogo desgarrador, lleno de lamentos de intensidad creciente. En el Nº 2 el grácil y desenfadado “Allegro” (Arianna String Quartet) del principio contrasta con la exaltación lírica de un “Adagio” conmovedor (Arianna String Quartet). El Nº 3 es todo él un modelo de delicadeza y equilibrio, hasta que la fogosa tarantela final despeja el panorama de sombras con una alegría contagiosa. En el Nº 4 no hay ningún movimiento lento (Alban Berg Quartet). El “Andante cantabile” del Nº 5 (Talich Quartet) contiene un tema con variaciones de riquísimos matices. Hay un movimiento enigmático en el Nº 6, titulado “La melancolía” (Alban Berg Quartet), que, de hecho, son dos movimientos que van alternándose: la tristeza profunda y el consuelo ineficaz.

Asimismo corresponden a esa época, las “Cinco sonatas para violín”, como la “Sonata para Violín y Piano nº 9” en La mayor "Kreutzer"  (Itzhak Perlman – Violín, Martha Argerich – Piano). Otras obras destacables de este período son su “Primera sinfonía”, que debe mucho a la orquestación de las sinfonías londinenses de Haydn, las cantatas compuestas con motivo del funeral del emperador José II en 1790 y las arias de concierto “Prüfung des Küssens”, “Mit Mädeln sich Vertrauen” y “Primo amore”.
La “Sinfonía n.º 1 en do mayor, op. 21” fascinó a sus contemporáneos por su frescura y originalidad. La sinfonía arranca con un acorde distinto a la tonalidad principal de do mayor. En todo caso, esta era una de las rúbricas de Joseph Haydn. El tercer movimiento lleva el nombre de «Minuetto» (Amsterdam Royal Concertgebouw, dir. Furtwangler), pero es más rápido que lo acostumbrado en el género sinfónico de la época.


LA MADUREZ - "Periodo vienés”
Hacia 1802, la fuerte crisis personal derivada de su sordera y las contrariedades sentimentales y físicas actuarían como catalizador de su arte: la inmensa energía que el genio prodigó irreflexivamente en sus primeras composiciones encontraba ya un punto de aplicación, y las centellas que desprendía alumbraron el drama de la grandeza heroica beethoveniana, que integra la sustancia del segundo estilo o periodo de su obra.

Beethoven en 1805
Con ocasionales transgresiones, alteraciones e intentos de evasión en la “Sonata para piano en la bemol mayor, op. 26” Allegro (Baremboim) ; en las dos “Sonatas en forma de improvisación, op. 27”, así como en la “Sonata para piano, op. 31, n.º 2” (Baremboim), el genio de Beethoven se identifica con la forma de sonata a lo largo de todo este período central de su vida íntima que se manifiesta al exterior en ideales de lucha y de rebelión contra el destino adverso. Cuando en su alma renazca lentamente el equilibrio y quede superada la inquietud del infortunio, el dualismo armónico de la forma de sonata se irá atenuando paulatinamente, y, con un renacimiento del contrapunto, dará lugar a nuevas tendencias musicales.

En 1810, compuso la Bagatela “Para Elisa” (Für Elise, en alemán) (Alicia Delarrocha), una obra para piano en la menor que debe su popular nombre a la confusión de algún copista a la hora de transcribir el manuscrito original de la partitura. (ver más arriba). El paso de la serenidad juvenil a la incandescencia del segundo estilo aparece anunciado por algunas obras de transición, como el “tercer Concierto para piano, op. 37 en do menor” (tonalidad típica del dramatismo heroico de Beethoven), y la “Sinfonía n.º 2” en re mayor (op. 36), (Roger Norrington dir. & The London Classical Players) cuya alegría contrasta con la tristeza que vivía el autor. Beethoven reemplazó el minueto estándar por un scherzo más rítmico y dinámico. Esta innovación y sus fuertes sonoridades dieron a la "Segunda Sinfonía" un mayor alcance y energía. De esta manera se llega a la plenitud del 'Segundo periodo' con :

- La “Sinfonía n.º 3” (llamada “Heroica”) en mi bemol mayor (Op. 55), que dura dos veces más que cualquier otra de la época, la orquesta es más grande y los sonidos son claramente anunciadores del romanticismo musical. La obra se compone de un primer movimiento (Allegro con brío), con una duración aproximada de veinte minutos: hasta esa fecha no se había compuesto un movimiento sinfónico tan extenso. El segundo movimiento es una «Marcha fúnebre» (Adagio assai), el tercer movimiento es un agitado scherzo (Allegro vivace), en el que se recrea una escena de caza y destaca el uso de las trompas. El Finale (Allegro molto) 1/2, 2/2 evoca una escena de danza y es apoteósico, con una gran exigencia de virtuosismo para la orquesta.


- La “Sinfonía n.º 4” (Wiener Philharmoniker & dir. Christian Thielemann) refleja una momentánea pausa de serenidad, lo mismo que el “Concierto en re mayor para violín y orquesta, op. 61” (Wiener Philharmoniker, dir. Constantin Silvestri, Yehudi Menuhin, violín) y el “cuarto Concierto para piano”.

- La “Sinfonía n.º 5” Op. 67 en do menor, 1 mov. (Orquesta sinfónica de Baviera, dir. Leonard Bersntein) donde destaca principalmente por la construcción de los cuatro movimientos basados en el motivo rítmico formado por tres corcheas y una negra, las cuales abren la obra y retornan una y otra vez dando a la sinfonía una extraordinaria unidad. Para el músico, significaban «la llamada del destino». El segundo movimiento es un hermoso tema con variaciones (Orquesta sinfónica de Baviera, dir. Leonard Bersntein) . El tercer movimiento, “scherzo” – Allegro, comienza misteriosamente y prosigue salvajemente en los instrumentos de viento-metal con una forma derivada de la «llamada del destino»; un pasaje tejido por los pizzicato de los instrumentos de cuerda se encadena sin pausa con el triunfal cuarto movimiento, allegro (Orquesta sinfónica de Baviera, dir. Leonard Bersntein) , y que posee una destacada coda.

En este segundo periodo, en el que compuso la mayoría de su producción orquestal, Beethoven reformó la estructura clásica de la sinfonía, al sustituir el tradicional minueto por un scherzo, forma ésta que otorgaba mayor libertad creativa a los compositores. Pero la intensidad característica del periodo se repite en numerosas obras: “las oberturas de Coriolano y Egmont”, la “Sonata a Kreutzer para violín y piano”, “la Sonata, op. 30 n.º 2 en do menor”, el “Trío de Piano” nº7 en Si bemol mayor op. 97 "Archduke" (I) - Allegro moderato (1810-1815) (Barenboim, Zukerman & Du Pré),  II - Scherzo (Allegro), III - Andante cantabile ma però con moto - poco più adagio - Tempo I (parte 1 de 2), IV y la “Appasionnata” 1/2, 2/2 (Glenn Gould),  la última de las cuatro más célebres sonatas de Beethoven.

La “ópera Fidelio o el amor conyugal” (título original en alemán, “Fidelio oder die eheliche Liebe”, Op. 72) (Philharmonia Chorus/Wilhelm Pitz/Philharmonia Orchestra/Otto Klemperer) es una ópera en dos actos con libreto en alemán de Joseph F. Sonnleithner. Es la única ópera que compuso Beethoven, donde destaca el famoso "Coro de los Prisioneros" (Leonard Bernstein and the Chor und Orchester der Wiener). El argumento de Fidelio sigue la tradición de las óperas de rescate del siglo XIX: una mujer que salva de la muerte a su marido, prisionero de sus enemigos políticos. Basada en un drama de J. N. Bouilly titulado “Leonora o el amor conyugal”, la obra, con el título inicial de “Leonore”, fue estrenada con escaso éxito en Viena en 1805; sometida luego a diversas revisiones, en su versión definitiva se representaría por primera vez en el Kärntnertor-Theater de la capital austriaca, en 1814.
Con la siguiente sinfonía el gran incendio va extinguiéndose; quedan, indudablemente, algunos rescoldos todavía, pero, en esencia, la gran crisis dramática del espíritu de Beethoven se halla ya superada.

- La “Sinfonía n.º 6”, en fa mayor, conocida como 'Pastoral' (Op. 68)  (Deutsche Kammerphilharmonie Bremen & Paavo Jarvi, dir) se convierte en dulzura y lirismo, cuyos movimientos evocan escenas campestres. Es el mayor tributo dado por Beethoven a una de sus grandes fuentes de inspiración: la naturaleza. Es también su única sinfonía en cinco movimientos (todos con subtítulos: Escena junto al arroyo, Animada reunión de campesinos, Himno de los Pastores, etc.), tres de ellos encadenados, es decir, que Beethoven elimina las habituales pausas entre segmentos sinfónicos. Uno de los pasajes más famosos de la obra es el final del segundo movimiento, (Berliner Philharmoniker & Herbert von Karajan) con la flauta, el oboe y el clarinete imitando respectivamente los cantos del ruiseñor, la codorniz y el cuco.


 LA ETAPA FINAL
Su último período es el más complejo, debido en parte a sus altibajos emocionales y a su avanzada sordera. No obstante, a pesar de esta intensificación de las miserias de la vida, el espíritu de Beethoven ha logrado ya librarse de ellas: su arte se mueve ahora más arriba, en otra esfera donde la antigua lucha con el destino ha quedado ya superada. En esta época alienta en el genio un soplo de carácter religioso, el sentimiento embriagador de una solidaridad universal, un idealismo filantrópico mediante el cual ve en el hombre al hermano.

Beethoven en 1823
Esta conciencia de fraternidad exaltada asume en Beethoven el nombre de "alegría", tomado en una acepción muy amplia. La puerta para llegar a ella es la naturaleza, que siempre fuera, incluso en los instantes de más negra desolación, el bálsamo de su alma torturada. A través del contacto con la naturaleza, manifestado en la “Pastoral”, el genio de Beethoven se abre a la alegría, a la que dedica tres himnos en las últimas sinfonías, y celebra en sus diversos aspectos de tumultuosa y dionisíaca embriaguez (Sinfonía n.º 7), de regocijo familiar y casi humorístico (Sinfonía n.º 8)8) y, finalmente, de religioso entusiasmo en el sentimiento ahora recobrado de fraternidad universal (Sinfonía n.º 9):

Compuesta en 1811, cuando el compositor alemán trataba de mejorar su deteriorada salud en Teplice (República Checa), la Séptima Sinfonía en La Mayor (Berliner Philharmoniker & Herbert von Karajan), se estrena el 8 de diciembre de 1813 durante un concierto de caridad para los soldados heridos en la batalla de Hanau. Debido a la excelente acogida por parte del público, Beethoven se ve obligado a repetir, precisamente, el segundo movimiento: el allegretto (Berliner Philharmoniker & Herbert von Karajan). Uno de los integrantes de la orquesta dejó por escrito un testimonio del impacto que la música y el propio Beethoven dejaron en su persona: “Al mismo tiempo que venía el esforzando abría los brazos, que antes tenía cruzados sobre el pecho, hasta el máximo. Cuando la orquesta debía interpretar un piano, se agachaba todo lo bajo que quería que sonara; luego venía un crescendo y entonces se enderezaba poco a poco hasta que entraba el forte, que él subrayaba con un salto en el aire y a veces, hasta daba gritos inconscientemente para reforzar el forte. Las nuevas sinfonías de Beethoven gustaron extraordinariamente, sobre todo la Séptima en la mayor. ¡El maravilloso segundo movimiento!”. Este movimiento es lento, aunque el tiempo marcado por el compositor sea un allegretto, haciéndolo lento sólo en comparación con los otros tres movimientos que son vivace, presto y allegro con brio. Indudablemente, el maestro alemán muestra con la Séptima su más grandioso concepto de la introducción (Poco sostenuto, pide la partitura).

Richard Wagner, otro ferviente beethoveniano, calificó a la Séptima como «la apoteosis de la danza» por su implacable ritmo dancístico y notable lirismo, particularmente hondo en su célebre segundo movimiento. El esquema del tercer movimiento exige, hecho inédito en una sinfonía, la repetición del trío, quedando la estructura A-B-A-B-A. El cuarto movimiento (Berlin Philharmonic, dir. Wilhelm Furtwangler) constituye -al igual que en la Sinfonía "Júpiter" de Mozart- el verdadero centro de gravedad de la obra. En suma, toda la Séptima es una obra de gran potencia: hay expertos que la consideran como la mejor de sus sinfonías.

- “Sinfonía n.º 8” en fa mayor (Op. 93) I Allegro vivace e con brio; II Allegretto scherzando; III Tempo di menuetto (Wiener Philharmoniker, dir.Leonard Bernstein) compuesta inmediatamente después de la Séptima y cuya brevedad (poco más de veinticinco minutos) no eclipsa su meticulosa escritura. Es su sinfonía más alegre y desenfadada, «mi pequeña sinfonía en fa», la llamaba el compositor, para diferenciarla de la Sexta, escrita en la misma tonalidad. La composición fue extremadamente ligera y rápida (cuatro meses). La obra tiene influencias de Haydn, sobre todo en su primer movimiento.

Sin duda la “Sinfonía n.º 9” (Op. 125), llamada “Coral”, es la obra más célebre de esta etapa. Su orquestación (dos trompas adicionales, triángulo, platillos, coro y solistas vocales) y duración (setenta minutos) es superior a la de la “Heroica.


Los primeros tres movimientos: un épico Allegro ma non trompo, un poco maestoso (Berliner Philharmoniker & Herbert von Karajan), un electrizante Scherzo (Hungarian Philharmonic Orchestra, dir. Janos Ferencsik) y un religioso y soñador Adagio, Parte 1, Parte 2 (Wiener Philharmoniker orchestra, dir. Claudio Abbado) llegan a su culmen en el deslumbrante finale Presto-Allegro ma non troppo, que inicia con un recitativo instrumental y con citas de los movimientos precedentes (Berliner Philharmoniker & Herbert von Karajan). Este extenso final con variaciones parte del texto de la 'Oda a la Alegría' de Schiller y supone una de las primeras incursiones de la voz humana dentro de una sinfonía:

Solo de el barítono

¡Oh amigos, cesad esos ásperos cantos!
Entonemos otros más agradables y
llenos de alegría.
¡Alegría, alegría!

Solo de Cuarteto de voces y Coro

¡Alegría, bella chispa divina,
hija del Elíseo!
¡Penetramos ardientes de embriaguez,
¡Oh celeste, en tu santuario!
Tus encantos atan los lazos
que la rígida moda rompiera;
y todos los hombres serán hermanos
bajo tus alas bienhechoras.

Quien logró el golpe de suerte,
de ser el amigo de un amigo.
Quien ha conquistado una noble mujer
¡Que una su júbilo al nuestro!
¡Sí! que venga aquel que en la Tierra
pueda llamar suya siquiera un alma.
Pero quien jamás lo ha podido,
¡que se aparte llorando de nuestro grupo!

Se derrama la alegría para los seres
por todos los senos de la Naturaleza.
todos los buenos, todos los malos,
siguen su camino de rosas.
Ella nos dio los besos y la vid,
y un amigo probado hasta la muerte;
Al gusanillo fue dada la Voluptuosidad
y el querubín está ante Dios.

Solo de Tenor y Coro Masculino

Alegres como vuelan sus soles,
A través de la espléndida bóveda celeste,
Corred, hermanos, seguid vuestra ruta
Alegres, como el héroe hacia la victoria.

Coro

¡Abrazaos Millones de seres!
¡Este beso al mundo entero!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
Debe habitar un Padre amante.

¿Os prosternáis, Millones de seres?
¿Mundo presientes al Creador?
Búscalo por encima de las estrellas!
¡Allí debe estar su morada!

Coro

¡Alegría, bella chispa divina,
hija del Elíseo!
¡Penetramos ardientes de embriaguez,
¡Oh celeste, en tu santuario!
Tus encantos atan los lazos
que la rígida moda rompiera;
y todos los hombres serán hermanos
bajo tus alas bienhechoras.

¡Alegría, bella chispa divina,
hija del Elíseo!
¡Alegría, bella chispa divina!


Esta obra, mundialmente famosa y objeto de un sinfín de arreglos y versiones, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. El último movimiento de esta sinfonía fue adoptado en 1972 por el Consejo de Europa como su himno y en 1985 fue elegido por los jefes de Estado y de Gobierno europeos como himno oficial de la Unión Europe

La otra obra monumental que consagra esta sublimación de la espiritualidad beethoveniana, por encima de la concepción anterior del dualismo dramático, es la “Missa Solemnis, op. 113” que está compuesta por cinco piezas, de las cuales cabe resaltar la potencia y brillantez del “Gloria”, (Collegium Musicum 90, dir. Richard Hickox) considerada la mejor de toda esta obra, todas las piezas fueron escritas en latín, excepto el Kyrie, que está en griego.

Beethoven en 1818
En la música instrumental, Beethoven aparece ahora ya destacado de las normas estilísticas propias de la época, y su inspiración, que la sordera parece casi aligerar de cualquier relación con los elementos accidentales de la materia sonora, se mueve ya en la enrarecida atmósfera de trascendentes visiones sobrenaturales. La dialéctica precisa de la forma de sonata, cuya calculada contraposición de tensiones tónicas presentaba todavía algo de la geometría del siglo XVIII, se equilibra en una concepción musical menos artificiosa y más próxima a la plenitud orgánica de la vida y de la historia: el sentido armónico de los acordes y de las cadencias se ve desplazado por el predominio de un contrapunto, que, en realidad, nada tiene de escolástico ni de arcaico, y más bien parece presagiar el futuro principio compositivo de la variación continua, o sea de una música que fluye en una renovación perenne y sin el recurso de las simetrías o repeticiones.

A veces la complejidad del contrapunto, que alcanza extremos de furor y exasperación en la “Gran Sonata, op. 106”, Parte 1; Parte 2 (Valentina Lisitsa) y en la “Fuga, op. 133” para cuarteto de cuerda, cede el paso, en cambio, a melodías suavísimas, de carácter celestial y amplio desarrollo, y apoyadas apenas en un acompañamiento que no cabría imaginar más desnudo y simple. Las últimas “cinco sonatas para piano”, a las cuales acompañan dignamente las treinta y tres “Variaciones sobre un vals de Diabelli”, (Alfred Brendel).

 Beethoven volvió su mirada final a los Cuartetos Clásicos de cuerda haciendo de ello descubrimientos que hoy aún nos dejan perplejos por su prodigioso espíritu innovador y que constituyen todo un reto para los intérpretes.

Compuso los siguientes cuartetos:
Al inspirado “Adagio” del Nº 1, así como al enjundioso tratamiento al que somete un tema ruso en el “Allegro final”. En cuanto al Nº 2 el “Allegro” inicial es extraño, abundan las frases incisivas, interrogativas y cortantes. El “Adagio”, un canto suplicante -a veces tierno, otras veces insistente- nos hace olvidar la aspereza del movimiento anterior. En el “Allegretto” se alternan el modo mayor con el menor con frecuencia, como el reflejo de una duda irresoluble. El “Presto” final es un rondó de carácter elegíaco. En el cuarteto Nº 3 Opus 59 un marcado acento eslavo en el “Andante con moto”, que fue muy bien acogido, como también el exultante y endiablado “fugato” final (Alban Berg Quartet).


El Op. 74 al que se le llama “de las arpas” por los arpegios en pizzicato del primer movimiento. Un ocurrente contrapunto armónico arropa el dulce canto del “Adagio”, (Alban Berg Quartet).

El “cuarteto Op. 95”, (Pascal String Quartet) donde el motivo del fogoso “Allegro con brio” que precede al “Allegretto ma non troppo”, es el mismo que el del famoso inicio de la Quinta Sinfonía, el lenguaje utilizado es impetuoso, de una agitación abrupta, tajante y apasionada. Los melómanos de sensibilidad más clásica hallarán un respiro en el complaciente “Allegro assai vivace ma serioso - Più Allegro” del segundo movimiento, que empieza con las seis primeras notas del llamado “Canon de Pachebel” y en el que, tras una emotiva meditación, aparece un interesante “fugato.”
En el “cuarteto Op. 127” el “Allegro inicial” (Jasper String Quartet), pese a unas pocas octavas cortantes, es casi mozartiano. El “Adagio” (Quartetto Italiano) es cálido, con un segundo motivo más movido, aunque siempre amable. El “Scherzando” (Quartetto Italiano) parece una propuesta lúdica por sus cambios rítmicos y de humor, pero no una rareza inasible. El “Final” (Tackas Quartet) es convencional y elegante.

El "Cuarteto de Cuerdas N º 13" en Si bemol mayor, op 130, realmente se terminó en 1825 y su forma original se componía de seis movimientos, siendo el 5º la maravillosa “Cavatina”, Adagio molto expresivo de la que Karl Holzt decía que, para Beethoven, “era la coronación de todos sus movimientos de cuarteto y su pieza favorita. Verdaderamente la compuso con lágrimas en los ojos y me aseguró que ninguna otra obra suya le impresionaba de modo parecido a esta”. La Gran Fuga es un único movimiento para cuarteto de cuerdas compuesto entre 1825 y 1826 que ha adquirido fama debido a su dificultad técnica y su ruptura con las normas estéticas, armónicas y musicales del momento. Inicialmente fue compuesta para servir como cuarto movimiento del Cuarteto de cuerdas nº 13 (op.130), pero su estilo poco apropiado para su época hizo que tuviese que ser reemplazado por otro movimiento de carácter más ligero. Debido a la insistencia del editor, el movimiento fue publicado por Beethoven como Große Fuge (Grande Fugue Op.133) (Alban Berg Quartett).

Muchos consideran hoy al “Cuarteto 14” como el más bello de todos; ya en su tiempo, Wagner habló a propósito de este cuarteto de la meditación de un «santo» encerrado en su sordera y a la escucha exclusivamente de sus voces interiores. El “Cuarteto n° 14 en Do # menor, opus 131”, constituye la última protesta y el último reto para romper este aislamiento. Consta de siete tiempos: Allegro molto vivace, Allegro moderato - Adagio; el Andante ma non troppo e molto cantabile - Piu mosso - Adagio, ma non troppo e semplice – Allegretto y el Presto- Adagio quasi un poco andante, y Allegro (Lindsay String Quartet).



El “Cuarteto de cuerdas nº 15 en La menor” que consta de seis movimientos , al cual Beethoven puso un largo pero significativo nombre: "Heiliger Dankgesang eines Genesenen an die Gottheit, in der lydischen Tonart" (Una sagrada canción de agradecimiento de un convaleciente a la divinidad, en el modo Lidio), donde cabe resaltar el tercer movimiento (Molto Adagio) y su continuación, 4/6 "Stendendo nuova forza. Andante".

Este cuarteto de cuerdas, Beethoven lo escribió después de recuperarse de una larga enfermedad de la que pensaba que no saldría. Es por eso que en agradecimiento a Dios compuso esta pieza. Los otros movimientos son 1/6 "Assai sostenuto", 2/6 "Allegro - Allegro ma non tanto"5/6 "Alla marcia, assai vivace - Piu allegro - Presto"  y el 6/6 Allegro appassionato. (Tackas Quartet: Edward Dusinberre, 1º violín; Károly Schranz, 2º violín; Roger Tapping, viola; András Fejér, cello)

El cuarteto de cuerda n.º 16 en Fa mayor Opus 135 "La difícil decisión" es el último de su ciclo de 16 cuartetos de cuerda. Ese fue el último trabajo importante del compositor. El cuarteto le debe su nombre al título del último movimiento. Este comienza con unos acordes introductorios lentos y sombríos, que llevan la anotación "Muß es sein?" (¿Debe ser?), a los que se les responde con el más veloz y alegre tema principal "Es muß sein!" (¡Debe ser!)". Los tiempos son: 1/4 Allegretto, 2/4 Vivace, 3/4 "Lento assai, cantante e tranquillo", 4/4 Der schwer gefaßte Entschluß (la difícil decisión): "Grave - Allegro - Grave ma non troppo tratto – Allegro" (Emerson String Quartet). Estos cinco cuartetos finales constituyen el testamento augusto y misterioso del artista: representan en la historia de la música una fabulosa anticipación, que únicamente a fines del siglo, desde Brahms en adelante y por obra del Wagner de Parsifal y de compositores muy recientes, como Bartók, será abordada con un sentido de consciente continuidad; el verdadero romanticismo musical (desde Weber hasta Mendelssohn, Schubert, Schumann, Berlioz y Liszt) se originó casi exclusivamente en el segundo estilo beethoveniano.

CINE, TEATRO Y TELEVISIÓN
El compositor ha sido mostrado biográficamente en numerosas ocasiones en el cine, en el teatro y en la televisión. Estas son algunas de ellas:

Comienzan sus representaciones en 1909 con una película muda del escritor y director francés Victorin-Hippolyte Jasset que se titulaba “Beethoven” y que estaba protagonizada por Harry Baur. La siguiente película sobre el compositor fue alemana y se rodó en 1927, su director fue Hans Otto Löwenstein y el nombre de la película fue “Das Leben des Beethoven” (La vida de Beethoven). El escritor y director francés Abel Gance realizó en 1936 otra película del compositor, “Un grand amour de Beethoven” (Un gran amor de Beethoven), en la que fue Harry Baur otra vez quien representó el papel del compositor. En 1985 apareció “Le Neveu de Beethoven” (El sobrino de Beethoven). En 1992, una película para la televisión, 'Beethoven Lives Upstairs' (Beethoven vive en el piso de arriba) fue la ganadora del premio Emmy.

En 1994, el director Bernard Rose creó “Immortal Beloved” (Amada inmortal) con Gary Oldman en el papel del compositor. En la película suenan todos los fragmentos más tópicos de la música de Beethoven: Sonatas Patética y Claro de Luna, Sinfonías 3ª,5ª,6ª , y , Conciertos "Emperador" y para violín, Sonata "a Kreutzer", Trío "el Espectro", Misa Solemne, Cuarteto Op. 130, “Oda a la alegría” y otras, vengan o no a cuento con la acción, aunque en ese sentido de "encajar" acción y música la película es muy aceptable.
En 2006, la directora Agnieszka Holland produjo “Copying Beethoven” (Copiando a Beethoven) con Ed Harris como protagonista que reincide sobre los últimos días de vida del compositor.

Películas cuya banda sonora integra el "Segundo movimiento de la 7ª Sinfonía" de Beethoven:
Siguiendo el clamor popular, el Séptimo Arte ha utilizado este mismo fragmento en numerosas películas.

En este caso la pieza comienza tan sólo con cuerdas que van arrastrando a su paso al resto de los instrumentos hasta que todos juntos alcanzan un fortissimo que trasmite una sensación de vértigo que le va como anillo al dedo a la primera película en la que se puede escuchar: “The Black Cat” (1934), una de las primeras adaptaciones de las obras de Edgar Allan Poe que Universal Pictures realizara en los años treinta, y que protagonizara una pareja tan tenebrosa como la formada por Bela Lugosi y Boris Karloff. Otro film, el de Roman Polanski, “The Ghost Writer” (trailer), posee un fragmento que incorpora a su banda sonora: el segundo movimiento de la 7ª Sinfonía en La Mayor.

“Mr. Holland’s Opus”, la historia de un compositor frustrado que se realiza como profesor de música en un instituto de secundaria; o “Copying Beethoven” (ya nombrada). John Boorman también aprovecha la espiral sonora que transmite el allegretto para arrastrar al espectador cuando se percata de la verdad que se esconde detrás de “Zardoz”, (trailer) en una psicodélica película de ciencia ficción de los años setenta que cuenta entre sus protagonistas con Sean Connery y Charlotte Rampling.

Pero para vértigo y angustia, los que siente cualquiera que haya visto “Irréversible” y escuche la pieza al final de la película, que también es el comienzo de una historia que empezara con una amenaza tan poderosa y perturbadora como que "el tiempo lo jode todo". La secuencia envuelve a su protagonista, Monica Bellucci, presa inocente de todo lo que le espera, pero que el espectador ya ha podido constatar, se ve envuelta en una vorágine en la que la cámara gira desbocada y descontroladamente. La cualidad hipnótica de esta pieza debe ser lo que llevó a Tarsem Singh a incluirla en su fascinante cuento, esencia simbólica de toda narración cinematográfica “The Fall”, (trailer) consiguiendo dotarlo de una cualidad sonora y emocional a la altura de sus surrealistas imágenes.

Alexandre Desplat es de sobra conocedor de las cualidades del allegretto de la Séptima Sinfonía, quizás por eso, en lugar de componer una pieza propia, prefiere utilizarlo en el clímax de “El discurso del rey” (2010). La melodía reinó como su protagonista, Colin Firth, con toda su intensidad, ayudando al monarca, junto con Geoffrey Rush, a superar su tartamudez en una de las locuciones más famosas de la historia, justo antes de la Primera Guerra Mundial.

Otras Bandas sonoras
Beethoven siempre es una apuesta segura para el cine, su música llena de energía y tragedia es muy querida por los directores y en especial, una de sus sonatas para piano más conocidas y alabadas:  la Sonata para piano nº 8 en Do menor Op. 13 "Patética" – Adagio, y en especial a su enternecedor segundo movimiento. Esta sonata, escrita cuando el compositor alemán contaba con 27 años es una de las cumbres de su producción pianística y la pudemos escuchar en películas como: “Antes del amanecer” (1995) o “La edad de la inocencia” (1993).

Fuerza, garra y emoción es lo que buscan los directores de cine cuando traen a la gran pantalla al primer movimiento de la Sinfonía nº 5 en Do menor Op. 67. Esta tragedia sinfónica convertida en un canto universal de victoria también apareció en películas tan dispares como “Austin Powers y el miembro de oro” (2002), “La gata sobre el tejado de zinc” (1958) o “El club de los cinco” (1985).
En 1940, Walt Disney ilustró la Sexta Sinfonía en uno de los episodios de su película 'Fantasía' y Stanley Kubrick utilizó el 4º movimiento de la Novena Sinfonía en el film 'La Naranja Mecánica' (1971).
Aparte de las nombradas la música de Beethoven ha sido usada en más de doscientas cincuenta películas y programas de televisión.


En agosto del 2013 se estrenó la película “El último concierto” del director Yaron Zilberman protagonizada por Phillip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Christopher Walken y Mark Ivanir. Trata de un afamado cuarteto de cuerda –“The Fugue String Quartet” – en el que sus componentes, después de veinticinco años juntos, se enfrentan a inesperadas dificultades, que amenazan con desintegrar el grupo. Todo gira en torno al Cuarteto op. 131 de Beethoven: ya saben, quizá la obra cumbre para cuarteto de toda la historia de la música.
Estatua de Beethoven en Viena

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