31 marzo 2012

Franz Josef Haydn


El 31 de marzo de 1732 nació en Rohrau, cerca de Viena, el compositor austriaco Franz Joseph Haydn, considerado junto con Mozart, uno de los máximos representantes del periodo clasicista, conocido además como el ‘Padre de la sinfonía’ y el ‘Padre del cuarteto de cuerda’, gracias a sus importantes contribuciones a ambos géneros. También contribuyó en el desarrollo instrumental del trío para piano y en la evolución de la forma sonata.

Fue el segundo de los doce hijos de Mathias Haydn y Anna Maria Koller. Su padre era fabricante y reparador de carros al servicio del conde de Harrach, el aristócrata de la población, y también sirvió como Marktrichter, un cargo similar al de alcalde de pueblo. Ninguno de sus progenitores sabía leer música; sin embargo, Mathias fue un entusiasta músico folclórico y había aprendido a tocar el arpa de forma autodidacta durante la época que trabajó como oficial. Según los últimos recuerdos de Haydn, su infancia con su familia fue extremadamente musical y frecuentemente cantaban juntos y con sus vecinos. Los padres Haydn se dieron cuenta de que su hijo tenía talento para la música y sabían que en Rohrau no tendría oportunidad de tener una educación musical adecuada. Por esta razón aceptaron la proposición de su pariente Johann Matthias Frankh, director de la escuela y maestro del coro en Hainburg, para que Joseph aprendiera en su casa y practicara como músico. Por tanto, con tan sólo seis años, Haydn se marchó con Frankh a Hainburg y nunca más vivió con sus padres.

Catedral de S.Esteban
Existen razones para pensar que el canto de Haydn impresionó a quienes lo escucharon porque pronto atrajo la atención de Georg von Reutter, el maestro de capilla de la Catedral de San Esteban de Viena, que estaba realizando un viaje por las provincias buscando nuevos talentos para el coro de niños. Haydn pasó con éxito una prueba de audición ante Reutter y en 1740 se trasladó a Viena, donde permaneció como corista durante los siguientes nueve años. Posteriormente Haydn alcanzó la edad y la voz en la que ya no pudo alcanzar tonos agudos, por lo que fue despedido del coro. Unos amigos lo acogieron en su casa, y decidió convertirse en músico. Transcurrieron diez años difíciles en los que tuvo que trabajar en diversos empleos relacionados con la música. Uno de ellos fue como sirviente y acompañante de un compositor italiano.

No obstante, Haydn sacó partido de estos años y fue adquiriendo mayores conocimientos, hasta el punto en que compuso sus primeros cuartetos de cuerda y su primera ópera. Paulatinamente, su reputación como compositor empezó a desarrollarse. Al final de este período, en 1759, Haydn recibió una oferta de empleo importante, que fue la de director musical del conde Morzin. Su misión consistía en dirigir la pequeña orquesta del conde y programar la música para cada evento. Al mismo tiempo componía. Escribió sus primeras sinfonías para orquesta. El conde Morzin padecía dificultades económicas, y a los dos años despidió a todos sus músicos. Haydn encontró enseguida un empleo similar como asistente del director musical de la familia Esterházy, una de las más ricas e influyentes del imperio austriaco, que residía el invierno en Viena y el verano en dos palacios de su propiedad, uno al sur de la capital y otro en Hungría.

Nikolaus Esterházy
En su nuevo cargo, Haydn tuvo una gran responsabilidad que consistía en componer música para cada ocasión, dirigir la orquesta, interpretar música de cámara con miembros de la orquesta y también de la familia, también organizar el montaje de óperas. A pesar del intenso trabajo, Haydn se consideró un hombre afortunado. Los Esterházy eran amantes y conocedores de la música y le dieron todo el apoyo que necesitaba para su labor, incluso su propia pequeña orquesta.
Al ver que su situación era estable, Haydn se casó en 1760, pero el matrimonio no se entendía y nunca tuvo hijos. Por el contrario, tuvo una larga relación sentimental con una cantante de los Esterházy, con la que, según algunos biógrafos, tuvo uno o varios hijos.

Haydn en 1770 (Guttenbrunn)
Transcurrieron casi 30 años en los que Haydn trabajó en este cargo y en los que compuso un sinfín de obras. A lo largo de este tiempo su estilo fue desarrollándose y su popularidad fue creciendo. Llegó a componer tantas obras para su publicación como para los Esterházy, tan conocidas actualmente como sus “Sinfonías de París”, Nº 85 (The Queen) Parte 1 (Budapest Strings & B. Vonósok) que fueron compuestas en aquellos años. En 1781 Haydn estableció una estrecha amistad con Mozart, sobre cuyo trabajo había tenido alguna en los años anteriores. Sintió una gran admiración por Mozart y por la maestría con la que éste había escrito sus recientes óperas y conciertos. Mozart se esforzaba en componer música de cámara que estuviese, en su opinión, a la altura de la de Haydn, a quien dedicó unos cuartetos de cuerda.


En 1790 murió el patriarca de los Esterházy y su sucesor resultó ser un hombre sin interés por la música. Despidió a la orquesta y jubiló a Haydn. Por ello Haydn aceptó la oferta de un empresario musical alemán para viajar a Inglaterra y dirigir sus nuevas sinfonías con una gran orquesta. Su estancia en ese país fue un éxito, alcanzó fama y considerables ingresos. En Inglaterra compuso también algunas de sus obras más sobresalientes, como las Sinfonías de Londres, entre ellas, la Sinfonía nº 104 "Londres" (Antonio Pappano dir. & Orchestra dell'Accademia Nazionale di Santa Cecilia) y las Sinfonías Militares, el Cuarteto Reiter o el Rondó Gitano para trío con piano.

Casa de Haydn en Viena
Habiendo considerado quedarse en Inglaterra, Haydn finalmente volvió a Viena, donde se hizo construir una gran casa y decidió dedicarse a la composición de música sacra. A partir de 1802, una enfermedad que había sufrido anteriormente volvió a aparecer y se desarrolló hasta tal punto que el músico ya no era capaz de componer. Esto fue indudablemente muy duro para él ya que, como reconoció, en su mente las ideas de nuevas obras fluían con facilidad. A pesar de estar bien cuidado por sus sirvientes y no faltarle de nada, así como de tener amigos y ser un músico apreciado, Haydn debió pasar sus últimos años entristecido por no poder trabajar en su música.

Durante su enfermedad, a menudo se consolaba sentándose sólo al piano e interpretando “Gott erhalte Franz den Kaiser” (Ronald Brautigam), que fue compuesta por él mismo en 1797 como un gesto patriótico. Esta melodía fue posteriormente usada como los himnos nacionales de Austria y Alemania. En 1806 se hizo imprimir unas tarjetas para declinar las invitaciones que recibía con el siguiente texto: «Hin ist alle meine Kraft, alt und schwach bin ich» («Todas mis fuerzas se han ido, soy viejo y estoy cansado»), extraído de la canción “El viejo”, compuesta en 1796.

Haydn falleció el 31 de mayo de 1809 a los 77 años de edad, mientras Viena era atacada por las tropas de Napoleón Bonaparte. Entre sus últimas palabras se encuentra el intento por calmar y tranquilizar a sus sirvientes cuando un disparo de cañón cayó en el vecindario. «Mis niños, no tengáis miedo, donde está Haydn, no puede haber daño». Fue enterrado en el cementerio Hundsthurm en Gumpendorf, el suburbio de Viena en el que había vivido. Dos semanas después, el 15 de junio de 1809, tuvo lugar un servicio fúnebre en Schottenkirche en el que se interpretó el Réquiem de Mozart.

Estilo musical
El medio siglo de actividad creadora de Haydn coincide con una de las transformaciones más profundas que registra la historia de la música. Desde su primera composición, que data de 1750, hasta el oratorio "Las Estaciones", que cierra cronológicamente el catálogo de obras, en 1801, tiene lugar acontecimientos tan importantes como la muerte de Johann Sebastian Bach y el consecuente final de una época, la del contrapunto; el paso de la polifonía a la homofonía como expresión nueva del arte musical; Beethoven escribe su primera sinfonía y con ella impulsará el nacimiento de otro período trascendente de la música; las formas antiguas se verán sustituidas por el desarrollo de la sinfonía, de la sonata, del cuarteto de cuerdas, del concierto para solista; la práctica musical pasará del templo al ambiente palaciego y al escenario teatral. Poco a poco se irá imponiendo la individualidad del artista-músico, la idea poética será inspiradora de nuevos modelos musicales que requerirán otras técnicas más libres que reemplazarán a la rigidez de la creación tradicional. Haydn colaboró decisivamente a esta mutación con sus obras de cámara y sus sinfonías.

Cada una de sus obras representó un enriquecimiento del vocabulario musical y una mayor intensidad emotiva que se manifestaron a través de procedimientos técnicos nuevos. Sin embargo, debe convenirse que el talento musical de Haydn maduró lentamente, porque hasta los cuarenta años no produjo ninguna de las composiciones por las que hoy le admiramos. Pero si este desarrollo fue tardío, no dejó, en cambio, de potenciarse hasta el fin de la carrera del compositor. Las cualidades de elegancia, jovialidad y carácter amable que más a menudo se han destacado en la música de Haydn no deben impedirnos ver los aspectos más profundos y conmovedores que hay en muchas de sus obras sinfónicas y en sus cuartetos.

La música sinfónica
Dada la cantidad de sinfonías que escribió Haydn es imposible realizar un estudio individualizado en poco espacio, pero si comentar las características del estilo de las sinfonías que determinaron los períodos de creación del compositor. Las primeras - la colección se inició en 1759 - no están todavía estructuradas en los cuatro movimientos tradicionales, y en cuanto al carácter de éstos la diversidad es notable. Así encontramos sinfonías en tres movimientos que tienen introducciones lentas, como las números 6, 7, y 15, y en otros casos, como las números 21 y 22, Sinfonía 22 en Mi bemol mayor.1 Adagio (Mahler Chamber Orchestra, dir. Marc Minkowski), hallamos un Adagio que prácticamente es un movimiento entero, no una introducción. Sabemos que muchas de estas sinfonías fueron escritas para una ocasión determinada, y es lógico que Haydn tuvo en cuenta las posibilidades de los intérpretes a la hora de componerlas, asignando partes mas o menos difíciles que, en un estilo concertante a veces, no establece de una forma clara la diferencia entre la música de cámara y la sinfónica. Progresivamente la escritura de carácter solístico fue desapareciendo de las sinfonías haydianas.


Diversas de esas composiciones fueron bautizadas con nombres o títulos ajenos totalmente al compositor, pero los números 6, 7 y 8, denominadas “Le matin”, “Le midi” y “Le soir” Mov. 2 Parte 1. (Austro-Hungarian Haydn Orchestra & dir. Adam Fischer), respectivamente, ostentan estos nombre por indicación expresa del príncipe Esterházy. No faltan en las sinfonías que podríamos encuadrar en el período inicial la variedad de formas y de instrumentación.

Por otra parte, el frescor y la originalidad de algunas de sus obras sorprenden a quien sólo conozca las producciones de la última época de creación de Haydn. Este es el caso de la Sinfonía nº 31, (György Schweigert solo, Netherlands Radio Chamber Philarmonic) en cuya partitura el compositor demuestra su excepcional facilidad para el color orquestral. Al observador no podrá pasarle inadvertido el hecho de que en las sinfonías compuestas en los inicios de la década de 1770 se configuraron muchos movimientos en modo menor que expresan sentimientos tristes y estados de ánimo poco alegres.

Citemos la sinfonía 44, “Fúnebre” Parte 3. Adagio (Capella Istropolitana, dir. Barry Wordsworth), y la 49, “Passione” Final. Presto (Sinfónica de Galicia & Víctor Pablo Pérez) pero sin olvidar la más característica, la número 45, “La despedida” Mov. 1 Allegro Assai (Capella Istropolitana, dir. Barry Wordsworth) que, a pesar de la anécdota humorística que la define, tiene un fondo de absoluta seriedad. Ya en la producción de 1880 se advierten la experiencia acumulada por Haydn y los resultados de una evolución que la lleva a la concreción, a la sencillez y a la facilidad de desarrollo de los temas. La sinfonía numero 73, “La caza”, es un excelente ejemplo de esta técnica. La personalidad del sinfonista se afirma en el grupo de sinfonías llamadas "de París", es decir, las del numero 82 al 87.

Varias de ellas llevan nombres añadidos, con los cuales se han hecho populares; "El oso", la 82, por un pedal bajo a manera de danza; "La gallina", la 83, por la intervención cacareante del oboe; "La reina", la 85, sobre un tema que dícese fue el predilecto de María Antonieta. Estas sinfonías contienen un uso más libre y más acusado de cromatismo, al tiempo que muestran la admirable maestría del compositor:
Sinfonía n.º 82 en do mayor, "El Oso" (1786) (Ópera and Philharmonic European Art Centre, dir. Jerzy Maksymiuk).
Sinfonía n.º 83 en sol menor, «La gallina» (1785) (Heights Chamber Orchestra, dir. Eric Berken)
Sinfonía n.º 84 en mi bemol mayor, “In nomine Domini” IV. Finale Vivace (1786) (Süddeutsche Kammerphilharmonie & Günther Wich)
Sinfonía n.º 85 en si bemol mayor, La Reine («La Reina») (1785). Parte 2 (Budapest Strings & Budapesti Vonósok)
Sinfonía n.º 86 en re mayor (1786) (Simon Rattle)
Sinfonía n.º 87 en la mayor (1785) (Mozarteum Orch of Salzbourg)

El último período está esmaltado por una preciosa colección de obras que generalmente se enmarcan en el título "Londres". Son doce sinfonías (93-104) escritas durante las dos temporadas de residencia de Haydn en la capital británica. Siendo las más conocidas:
- Sinfonía n.º 93 en re mayor (1791) Mov 1 (Czech Philharmonic Orchestra, Ondřej Vrabec)
- Sinfonía n.º 94 en sol mayor, «La sorpresa» (1791)  (The Vienna Chamber Orchestra)
- Sinfonía n.º 95 en do menor (1791) Mov 1 (Sir Simon Rattle, dir · Berliner Philharmoniker)
- Sinfonía n.º 96 en re mayor, «El milagro» (1791) (Bernard Haitink, dir. & The London Symphony Orchestra)

- Sinfonía n.º 97 en do mayor (1792) Mov. 2 (Leslie Jones & The Little Orchestra of London)
- Sinfonía n.º 98 en si bemol mayor (1792) Mov. 4 (Christian Zacharias, dir. &Verbier Festival Chamber Orchestra)
- Sinfonía n.º 99 en mi bemol mayor (1793) (Berliner philharmoniker, dir. Simon Ratlte).
- Sinfonía n.º 100 en sol mayor, «Militar» (1793/94) (András Schiff, director · Berliner Philharmoniker)
- Sinfonía n.º 101 en re mayor, «El reloj» (1793/94), Andante (Capella Istropolitana & dir. Barry Wordsworth)
- Sinfonía n.º 102 en si bemol mayor (1794) Mov. 3 Minuetto (Capella Istropolitana, dir. Barry Wordsworth)
- Sinfonía n.º 103 en mi bemol mayor, «Redoble de timbal» (1795) (Pierre Boulez & The Chicago SO)
- Sinfonía n.º 104 en re mayor, «Londres» (1795) (Vienna Philharmonic Orchestra & Bernard Haitink)

En ellas consigue el autor un carácter majestuoso valiéndose de introducciones lentas a los movimientos iniciales, aspecto distinto al similar carácter de algunas sinfonías anteriores. Por supuesto, la materia musical es ahora mucho más sustanciosa. Haydn ha aumentado la orquestra y ha depurado todavía más la escritura instrumental. Ya los violonchelos no serán inseparables de los contrabajos, los instrumentos de viento participan elocuentemente en los movimientos lentos y los contrastes sonoros son más evidentes. La maestría de Haydn había llegado a su cénit y el desarrollo de la forma sinfónica había preparado el advenimiento de Beethoven.



Los conciertos
De los diversos conciertos que para diferentes instrumentos escribió Haydn - menos populares que sus sinfonías y cuartetos- el dedicado al Concierto de Violonchelo Nº 1 en re menor (Mstislav Rostropovich & Orquesta Sinfónica de Radiotelevisión Española) es, no sólo el único que ha sobrevivido de los seis que compuso para el citado instrumento, sino uno de los más bellos de toda la literatura violonchelística. Durante años se creyó que la obra no era de Haydn, sino de Karft, violoncelista de la orquestra de Esterházy. Los musicólogos parece que se pusieron de acuerdo, por fin, en restituir la paternidad de Haydn, dado que ninguna de las composiciones de Karft presenta un acabado tan perfecto y una calidad de inspiración tan espontánea. También entre los conciertos para clave y orquestra puede diferenciarse uno, el clasificado como opus 21, en re mayor Parte 2 (Sviatoslav Richter piano, Minsk Chamber Orchestra), que fue el último de los que escribió y el mejor, con una música elegante y refinada.

Las sonatas para piano
Desde 1760 hasta 1794, Haydn escribió cuarenta y nueve sonatas para clavicordio, clave o piano, según las épocas. En las destinadas al último de estos instrumentos el compositor determina " per il forte piano". Las primeras tienen un carácter sencillo y optimista, con un cierto aire de galantería. Predominan los tres movimientos, con un minueto que puede estar colocado en el segundo o en el tercer lugar. No es difícil advertir la influencia que en la composición es estas sonatas ejerció el hijo de Bach, Emanuel, influencia que nunca dejó de recordar el propio Haydn. Como en el caso de las sinfonías, las sonatas que fueron escritas después de 1770 reflejan una seriedad y complejidad que corresponden a este período de evolución artística que se conoce como "Sturm Und Drang". Todavía un aspecto dramático será evidente en las sonatas de 1776, pero en las cuatro últimas el pensamiento musical es mucho más profundo y el aspecto técnico tiene dificultades de ejecución que representan una difícil prueba.

El propio Haydn decía de la número 49. Allegro (Sviatoslav Richter); Adagio y cantabile (Glenn Gould) que era "más bien difícil, pero llena de sentimientos". En estas obras los desarrollos son más complejos y la variedad armónica tan admirable como los distintos timbres que el autor obtiene de los registros del instrumento. En la número 52 esta riqueza armónica llega a ser sorprendente en muchos pasajes, como en casi todo el Adagio (Eunice Norton), penetrado de un cierto aire romántico, carácter que también se nota en la sonata anterior, la número 51, en mi bemol mayor (Glenn Gould) y en la nº 62, también en mi bemol mayor. Adagio (Glenn Gould).

Los cuartetos de cuerda
Pensados más para el placer de los intérpretes que para deleite de los oyentes, los cuartetos para cuerdas de Haydn, al menos los que inician esta serie, están estructurados en la forma que fue típica del divertimento, es decir, cinco movimientos, con el segundo y cuarto en forma de minueto.

6 Cuartetos de cuerda Opus 1: Nos. 1, 2 y 3 (The Aeolian String Quartet)
6 Cuartetos de cuerda Opus 2 : Nos. 1 y 2 (The Aeolian String Quartet)
6 Cuartetos de cuerda Opus 3 ("Espurios") (The Léner String Quartet) : Las obras que integran las opus 1, 2 y 3 tienen bastantes aspectos similares, la sencillez, la dependencia de la viola del bajo y el cantabile casi siempre a cargo del violín. La opus 3 sin embargo, se aleja ya de los cinco movimientos y se condensa en los cuatro que serían tradicionales.
• 6 Cuartetos de cuerda Opus 9 (1771) (The Aeolian String Quartet): En los cuartetos opus 9, no sólo es el primer violín el que participa en misiones de importancia, sino que se incorporan a las mismas los otros tres instrumentos. El propio Haydn fue consciente de que su estilo se definió a partir de este opus, porque su deseo era que la lista de sus cuartetos empezara precisamente por éste.

 6 Cuartetos de cuerda Opus 17 (1771) (Buchberger Quartet).
• 6 Cuartetos de cuerda Opus 20, "El sol" (1772): Entre 1771 y 1772 surgieron los cuartetos opus 17 y 20, continuadores de la línea iniciada y demostrativos del equilibrio en la distribución de las cuatro y partes que había alcanzado el compositor. El aspecto expresivo es mucho más amplio y la escritura contrapuntística será cada vez más refinada, dentro de una libertad de acción instrumental que se aparta del concepto estricto de la polifonía. Cuarteto opus 20 Nº 5. Moderato (Jerusalem Quartet)
• 6 Cuartetos Opus 33, "rusos" (1781): Haydn se refirió a otra serie de cuartetos, opus 33, No. 29 en Sol mayor, Op. 33, No. 5, II. Largo e Cantabile (Kodály Quartet), los cuales fueron escritos en una manera enteramente nueva y muy especial. Conviene aclarar que la novedad no significaba de ninguna manera una revolución, sino la afirmación del último período de creación de Haydn, en el que apreciamos, como en el curso de la aparición de las sinfonías, la mayor soltura del compositor en el dominio de desarrollo temático


1 Cuarteto de cuerda Opus 42 (1785) Nº 1. Andante e innocentemente (Buchberger Quartet).
• 6 Cuartetos de cuerda Opus 50, "prusianos" (1787): Cuarteto opus 50 Nº 5, "Dream" (Federico Agostini & Yosuke Kawasaki - Violin, James Creitz - Viola, Sadao Harada - Violoncello)
• 1 Cuarteto de cuerda Opus 51 (1787)

• 6 Cuartetos de cuerda Opus 54, 55; Cuartetos "Tost", series I y II (1788): Cuarteto Opus 54, Nº 2, II. Adagio (Szymanowski Quartet)
• 6 Cuartetos de cuerda Opus 64; Cuartetos "Tost", serie III (1790):
El Cuarteto de cuerda en Si menor, Op. 64 “Lark” nº 2 tiene un sublime Adagio cantabile en Si mayor, en 3/4 (The Royal Philharmonic Chamber Ensemblees) un tema con tres variaciones, pero el tema y las variaciones son tales que se tiene la impresión de una melodía perpetua, o de un número de variaciones claramente mayor: de esta ambigüedad resulta en buena medida el efecto producido por la música.
• 6 Cuartetos de cuerda Opus 71, 74; Cuartetos "Apponyi"[1] (1793):
Cuarteto opus 71 Nº 2 (Simon Standage - Violin, Catherine Martin - Violin, Adam Romer - Viola, Andrew Skidmore - Cello)

• 6 Cuartetos de cuerda Opus 76, Cuartetos "Erdödy" (1796-1797):
El Cuarteto de cuerda en Si bemol mayor, Op.76 nº 4 'Amanecer' I. Allegro con spirito (Quatuor mosaiques), debe su nombre a sus primeros compases, uno de los más extraordinarios comienzos de todo el repertorio camerístico: su concepción del tiempo es casi schubertiana.
El segundo movimiento (de un total de cuatro) del cuarteto de cuerda op. 76 nº 3, obra también conocida como “Cuarteto del emperador” (Kodaly Quartet) es la melodía que más tarde se convertiría en el himno, "Gott erhalte Franz den Kaiser" (Dios proteja al Emperador Francisco). El movimiento consiste en la presentación del tema más cuatro variaciones. Este movimiento adopta un carácter solemne, acentuado en este caso por el tempo poco adagio e cantabile.
• 2 Cuartetos de cuerda Opus 77, Cuartetos "Lobkowitz" (1799): Cuarteto Opus 77 nº 1. 1/4 Allegro moderato2/4 Adagio3/4 Menuet Presto4/4 Finale Presto (The Signum Quartett)
• 1 Cuarteto de cuerda Opus 103 (1803): Fue el último cuarteto de cuerdas compuesto por Haydn. Andante (Aeolian string quartet)

Obra vocal
La obra vocal de J. Haydn es importantísima. A excepción de “Armida” (1783) (Cecilia Bartoli, Christoph Prégardien, Patricia Petibon, Oliver Widmer, Scot Weir, Markus Schäfer; dir: Nikolaus Harnoncourt & Concentus Musicus Wien), las óperas de J. Haydn no son muy conocidas. Entre 1766 y 1783 compuso nueve óperas, como “La canterina” (1766), “Lo speziale” (1768), “L'incontro improvviso” (1775), “La fedeltà premiata” (1780) y “Orlando paladino” (1782). Dentro de su producción vocal, también son poco conocidas sus misas, un Stabat Mater – “Dolorosa” (Warsaw Boys Choir) de 1767 y la cantata “Ariadna auf Naxos” (Cecilia Bartoli, soprano).
Sin embargo son relevantes los dos famosos oratorios: La creación (1798) y Las estaciones (1801).
“La Creación” (Riccardo Muti & Vienna State Opera Chorus & Vienna Philharmonic Orchestra)
“Las estaciones”  (La primavera) (Choir of the Flemish Opera & La Petite Bande; dir. Sigiswald Kuijken Krisztina; Laki, soprano; Helmut Wildhaber, tenor; Peter Lika bass).
Joseph Haydn fue un compositor admirado tanto por W. A. Mozart como L. V. Beethoven, y más tarde por Brahms y numerosos compositores de los siglos XIX y XX, como el inglés George Benjamin (1960-), quien compuso en 1982 “Meditation on Haydn’s name” para piano y con motivo del 250 aniversario del nacimiento del compositor austriaco.


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2 comentarios:

  1. Me parece un gran trabajo y le agradezco su bonito resumen, ya que me viene muy bien para mis clases

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