29 agosto 2012

Charlie Parker


El 29 de agosto de 1920 nació en Kansas City el saxofonista, compositor y director de banda de jazz Charlie 'Bird' Parker. Si el mundo del jazz contase con una montaña Rushmore, Charlie 'Bird' Parker estaría delante y en el centro. Junto a Louis Armstrong y Duke Ellington, Parker está considerado uno de los músicos clave del género y quizás el mejor saxofonista alto de la historia. Comenzó su carrera en 1937 y, cuando en los cuarenta surgió el bop, Charlie alcanzó la cima.

A Bird le bastaron solo 34 años de vida para cambiar el curso del jazz tradicional y avanzarlo hacia la modernidad. También para ganarse un lugar inamovible en la memoria de los aficionados. Poco después de su muerte, el 12 de marzo de 1955, fueron muchas las pintadas que aparecieron en Nueva York con una simple frase: "Bird lives" (Bird vive).
Tuvo una corta existencia pero su legado es histórico. Nadie puede dudar de la contribución de Charlie Parker a la historia de la música popular. Muchos de sus composiciones ya son clásicos del jazz: 'Anthropology', 'Ornithology', 'Scrapple from the apple', 'Ko Ko', 'Now's the time', 'Donna Lee', 'Billie's bounce', 'Parker's mood', 'Confirmation'...

Para cuando a mediados de los cuarenta tocaba en Nueva York, alternando la calle 52 y Harlem, su prodigioso talento al saxo había cambiado el sonido del jazz de un modo hasta entonces desconocido. Con su ataque agudo y su espíritu indomable, fue capaz de traducir en tiempo real un discurso complejo y coherente sobre un ritmo vertiginoso. Era la forma de superar las limitaciones de la conocida era del swing, desarrollada en Estados Unidos durante la década de los treinta. La época de las grandes bandas, de las melodías que se silbaban camino al trabajo, de las superestrellas como Artie Shaw o Glenn Miller y de la conquista blanca del jazz, género afroamericano por excelencia junto al blues. Parker rompió todo ese empaquetado, hizo trizas las convicciones artísticas imperantes, poniendo dinamita sonora allí donde había un muro de rigidez rítmica, muy regular y de elaborados compases.

Charlie con Dizzy Gillespie
El 15 de mayo de 1953 reúne uno de los mejores quintetos de jazz de la historia: Max Roach a la batería, Charles Mingus al contrabajo, Bud Powell al piano, Dizzy Gillespie a la trompeta y el propio Bird al saxo, y graban un disco mítico en directo en el Massey Hall de Toronto, concierto que también sirvió para patrocinar una nueva marca de saxos: el Grafton. Bird fue capaz de sacar sonidos imposibles a un saxofón de plástico...
Parker oía la pureza del jazz e iba en su búsqueda. Como desvistiendo al maniquí de prendas plomizas que era el swing comercial, buscaba el nervio sonoro, el auténtico contacto con la melodía aunque solo fuera en un fragmento, como un roce ardiente e inesperado, frágil e inolvidable.


“Todo lo que se sobreentiende se deja fuera”, era la premisa bop, recogida en el libro 'El jazz' de Joachim E. Berendt. En la experiencia del propio Parker: “Improvisé durante mucho tiempo sobre ‘Cherokee’ -standard del jazz-. Mientras lo hacía, me di cuenta de que, al utilizar los intervalos superiores de las armonías como línea melódica, colocando debajo armonías nuevas más o menos afines, podía tocar de repente aquello que por tanto tiempo había oído dentro de mí. Me llené de vida”.

Sin embargo, aquella música nueva no fue bien acogida. Demasiada tensión para los orquestales primeros años cuarenta. Un artículo de la época proclamaba: “No se puede cantar. No se puede bailar. Puede que ni siquiera se pueda soportar. Es el bebop”. Tampoco las estrellas de vieja escuela, puntales del jazz tradicional, lo admitieron. Louis Armstrong o Benny Goodman lo rechazaron por extraño. El vocalista Cab Calloway llegó a definirlo como 'música china'.

Minton's Playhouse
Pero en la calle 52 y en el Minton’s de Harlem, el bebop no estaba pensado para el baile de salón, era un reflejo del alma, y además era verdadera música negra. La vanguardia liderada por Parker tenía conciencia racial. El saxofonista, formado durante su juventud en el blues que oía casi a diario en Kansas City, conseguía armonizar en su música los contrastes entre la cultura negra y la blanca mientras desprendía una actitud existencial. Con el bop, una nueva generación de jazzmen negros se negaba a mostrarse sumisa ante los blancos. Estos jóvenes músicos querían ser considerados artistas y culturalmente afroamericanos, abandonando definitivamente el clásico papel de mero entertainer negro que ejercía de intérprete popular y cómico.


Este papel lo habían llegado a asumir verdaderos maestros como Armstrong o Fats Weller. Los boppers aparecían como revolucionarios insolentes y Parker estaba a la cabeza de aquel movimiento. En palabras de Thelonious Monk: “Queríamos hacer música que ellos no pudieran tocar”.

Charlie en 1949
Fue en el Minton’s Playhouse, en el 210 West de la calle 118, donde se originó el bop, que ha tenido en Parker a su embajador universal, junto con Dizzy Gillespie, pero contó con numerosos músicos a partir de mediados de los cuarenta, como Thelonious Monk, Bud Powell, Fats Navarro, Miles Davis, Dexter Gordon, Max Roach o Art Blakey, entre otros. Todos se dedicaban simplemente a tocar pero empezaron a buscar algo radicalmente nuevo por el exceso de estilización del swing, lo que de pronto convirtió al bop en una alternativa atractiva y sorprendente pero poco comercial. No dio mucho dinero ni se puso de moda pero fue más influyente que ninguna otra escena conocida hasta entonces, llegando a alumbrar a toda una generación de 'hipsters' y los siguientes 'beats' de Kerouac y compañía. Bird, que llegó a tener el club Birdland dedicado a él, se convirtió en una leyenda viva entre sus compañeros. El saxo alto Gigi Gryce, uno de sus mejores amigos, afirmó: “Parker es un genio natural. Si hubiese sido fontanero, creo que también habría logrado algo extraordinario”.

Charlie Parker y  Miles Davis
Pero el problema de Parker fueron las drogas, que acentuaron cada vez más un carácter tormentoso, originado por su timidez, desconfianza y los traumas de una difícil infancia sin padre. “Estar cerca de Bird podía ser muy divertido, porque era un auténtico genio de la música y al propio tiempo jodidamente excéntrico, hablando con aquel acento británico que generalmente usaba; pero también era difícil tenerle cerca porque constantemente intentaba sablearte, cuando no estafarte, para conseguir el dinero que necesitaba por culpa de su afición a las drogas”, escribió en su autobiografía Miles Davis, su alumno más aventajado.

Charlie en 1952
Parker conoció los estupefacientes al mismo tiempo que la música. Según contaba él mismo, empezó a consumir heroína a los 15 años. Exagerado o no, la única verdad fue, que al tiempo que hacía volar a más gente con su jazz incendiario, más caía al vacío de la autodestrucción. Nunca pudo librarse de su drogodependencia. Cada vez más desmejorado y abandonado, fue una lucha desigual que terminó por perder en 1955. Se encontraba viendo la televisión en el apartamento neoyorquino de su amiga la baronesa Nica von Königswater cuando murió de un colapso cardíaco. El 12 de marzo de 1955 el informe del forense certificó la muerte por neumonía y úlcera sangrante de un varón de entre 50 y 60 años. Charlie tenía 34.
Uno de los cuentos de Julio Cortázar, 'El Perseguidor' ('Las armas secretas', 1959), está basado en la vida de Charlie Parker. El relato fue la base argumental para la película 'Bird', dirigida por Clint Eastwood (1988) y protagonizada por Forest Whitaker.

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