22 diciembre 2012

Edgard Varèse


El 22 de diciembre de 1883, nació en París, el denominado “Padre de la música espacial”, compositor vanguardista francés, Edgard Achille Charles Varèse, que vivió una larga etapa decisiva en los EE. UU.
Fue uno de los compositores más influyentes del siglo XX, famoso por su concepto de la música como conjunto de entidades móviles de sonido no dependientes de la melodía o de la armonía, sino del timbre, de la masa y de la relación espacial y uno de los pioneros del desarrollo de la música electrónica.

Estudió ingeniería, pero se dedicó posteriormente a la música contra la voluntad de su padre. Estudió con Vincent d'Indy en la Schola Cantorum de París (1909-05) y con Charles Widor en el Conservatorio de París (1905-1905), luego viajó a San Petersburgo, donde conoció a Strauss y Busoni. Todas sus primeras composiciones desaparecieron, con excepción de una sola canción publicada y una partitura orquestal, “Bourgogne” (1908), que llevó con él pero destruyó hacia el final de su vida.
En 1906 compuso “Un grand sommeil noir” para piano y soprano Opus 8 nº 1 (versión original) basado en un poema del francés Paul Verlaine.

Un grand sommeil noir
Tombe sur ma vie :
Dormez, tout espoir,
Dormez, toute envie !
Je ne vois plus rien
Je perds la mémoire
Du mal et du bien
Ô la triste histoire
Je suis un berceau
Qu'une main balance
Au creux d'un caveau :
Silence ! Silence !
-xxx-
“Un gran sueño negro
cae sobre mi vida:
¡Dormid, esperanzas;
Dormid, anhelos!
Ya no veo nada,
pierdo la memoria
del mal y del bien…
¡Oh, qué triste historia!
Yo soy una cuna
que una mano mece
en el fondo de un sepulcro:
¡Silencio, silencio!

Entre 1907 y 1915 vivió en Berlín y a continuación se estableció en la ciudad de Nueva York. En 1918 comenzó su principal creación para gran orquesta, “Amériques” 1/3, 2/3, 3/3 (Orquesta Sinfónica de Baden-Baden, dir. Michael Gielen y Barrie Gavin), obra que muestra una cierta influencia de Claude Debussy y de Ígor Stravinski pero que al tiempo crea un universo sonoro sin precedentes, donde los acordes y las sonoridades (incluidas sirenas y erupciones explosivas de sonido), son tratados como entidades independientes más que como parte de una secuencia melódica o armónica. En esta pieza se pretende crear una atmósfera cargada de los sonidos de una gran ciudad como Nueva York. Escuchamos las máquinas en las fábricas, los barcos remolcadores a lo largo del río Hudson pasar debajo del puente de Brooklyn, las sirenas de los trasatlánticos el ruido de una calle congestionada de vehículos,…etc. Es música agobiante, y nerviosa que transmite esa sensación de estrés tan cotidiana en nuestros días, pero quizás algo nueva para su época.


En 1921, él y Carlos Salzedo Jr. fundaron la International Composers' Group, que dió las primeras interpretaciones de algunas de sus obras para conjuntos pequeños, predominantemente de vientos y percusiones. Varèse también participó en la fundación de la Asociación Panamericana de Compositores en 1927. Ambas organizaciones tuvieron un papel crucial en la difusión de la obra de Aaron Copland, Charles Ives, Carl Ruggles, Carlos Chávez y el propio Varèse.

Entre los años veinte y treinta Varèse exploró estos conceptos en otras obras suyas como “Offrandes” (1921) para soprano y la orquesta con poemas de Vicente Huidobro y José Juan Tablada (Anna Steiger, soprano; dir. Boulez,); “Hyperprisme” (1922) para viento y percusión (Ensemble InterContemporain & Pierre Boulez) obra de las más breves del autor, donde explora la descomposición física del sonido, primer intento de espacialidad y la seducción por la riqueza tímbrica de los instrumentos. Tras el comienzo en la percusión es el trombón tenor quien expone la nota básica, idea fija a explotar en los demás vientos y el ataque de las trompas al unísono pone final a la obra.

Villa-Lobos y Varèse en Paris (1926)
Otras obras de esa década fueron “Octandre” (1923) (Gropius Ensemble); “Intégrales” (1925); (Ensemble InterContemporain & Pierre Boulez) y “Arcanes” (1927) para gran orquesta y en 1928, ya nacionalizado estadounidense, vuelve a Paris para experimentar con nuevas tecnologías: ondas Martenot y Theremin. En 1930 compone “Ionisation” (Ensemble InterContemporain, dir. Edgard Varèse) partitura exclusivamente para percusión, trece instrumentistas para treinta y siete elementos de percusión, incluídas dos sirenas, que desarrollan la variedad rítmica desde el comienzo en la caja y la idea fija presentada en el tambor militar hasta la solemne conclusión entre campanas, y en 1934 “Ecuatorial” (Chailly/ASKO Ensemble & bajo Kevin Deas) para coro masculino y orquesta, con partes dedicadas del instrumento del ruso Theremin.

De vuelta a los Estados Unidos, viaja a Santa Fe, San Francisco y Los Angeles y compone “Density 21.5” (1935)  (Jacques Zoon - Flute Solo, dir. Riccardo Chailly) para flauta sola compuesta para Georges Barrère. En 1946 compuso la pieza “Tuning Up”, aunque quedó incompleta. El musicólogo Chou Wen Chung terminó finalmente esta partitura, en la que destacan una gran riqueza tímbrica y sonoras absolutamente originales.
En 1954, tras un largo período sin componer, daría a luz una de sus obras más completas: “Déserts” (Choeurs de Radio France, Ensemble Intercontemporain & dir: Pierre Boulez) para orquesta y electrónica.En la que entre los cuatro episodios orquestales intercalaría tres Interpolaciones de Sonido Organizado (registros de sonidos variados en banda magnética).


A instancias de Le Corbusier y de Xenakis, para presentar el pabellón Philips de la Expo 1958 en Bruselas, Varèse montó una instalación de sonido e imagen denominada “Poème Électronique” (1958) que fue retransmitida a través de 425 altavoces situados en diferentes puntos del Philips Pavillion , diseñado por el arquitecto Le Corbusier.

Le Corbusier charla con Varése
Auténtica culminación de Varèse en la representación espacial y física del sonido, utilizando los recursos tecnológicos de la época tanto en su origen como en su demostración real, situando altavoces entre el público y en diversas estancias, generando una sensación tridimensional aprovechando además los sonidos reflejados en las paredes del propio edificio. Una colección elaborada de sonidos pregrabados organizados, nunca aleatorios y utilizando la arquitectura del edificio como parte integrante del diseño espacial de la música.

Pabellón Philips en la EXPO de 1958

Sus últimos años los dedicó a proyectos sobre temas de la noche y la muerte, como el “Nocturnal” (1961), por encargo de la Fundación Koussvitzky, obra inconclusa, para voces y orquesta de cámara. Edgard Varèse falleció en Chicago, el 6 de noviembre de 1965.

Este mago y estudioso del sonido fue influenciado desde muy joven por Satie, Debussy, Berlioz y R. Strauss, así como por Busoni. Desde muy temprano se vio atraído por las propiedades físicas del sonido (análisis espectral) que quiso explorar a través de sus composiciones, incluso hasta el escándalo, y cuya influencia duró décadas, siendo un pionero de la electroacústica. Así fijó su atención en algunas de sus cualidades: el timbre instrumental (color), utilizado desde la forma más agresiva al mayor refinamiento y en gran variedad de instrumentos; el ritmo, primitivo y generador de amplias dinámicas casi siempre abruptas. Ambas cualidades sonoras condicionaron su gusto por los medios electrónicos y las nuevas sonoridades: Theremin, Martenot, cinta magnética pregrabada, que le permitieron desarrollar su idea de sonido espacial.

Y por último conviene señalar una constante en sus estructuras musicales: la idea fija, a veces una simple nota y su apoyatura, repetitiva, como base de desarrollo. En vez de músico, se llamaba así mismo “operario de ritmos, frecuencias e intensidades”. La música de Varèse ha influido en artistas de vanguardia e incluso ha trascendido el ámbito de la llamada música clásica. Sus influencias pueden rastrearse en grandes como Boulez, Cage, Feldman, Nono, Stockhausen, Xenakis y Frank Zappa, quien lo tuvo presente en toda su larga y prolífica carrera. Sin olvidarnos de los espectralistas y toda la música planeadora del mundo pop-rockero de los setenta, dependiente de moog y melotrón.

Frank Zappa
Frank Zappa desde muy joven se impresionó con el disco mítico EMS 401 con algunas de las mejores obras de Varése. En el artículo “Ídolos de mi juventud” dice lo siguiente:
“En mi quince cumpleaños mi madre me dijo que me daba 5 dólares. Le dije que prefería hacer una llamada a larga distancia. Me imaginaba que el Sr. Varèse viviría en Nueva York porque el disco estaba hecho allí (y como era tan raro, tenía que vivir en Greenwich Village). Llamé a Información de Nueva York y, por supuesto, estaba en la guía de teléfonos. Contestó su esposa. Era muy amable y me dijo que estaba en Europa y que volviera a llamar a las pocas semanas. Lo hice. No recuerdo lo que le dije exactamente, pero fue algo así como: 'Me gusta mucho su música'. Él me dijo que estaba trabajando en una pieza nueva llamada 'Desiertos'. Esto me emocionó bastante ya que entonces vivía en Lancaster, California. 

Cuando tienes quince años y vives en el Desierto de Mojave y descubres que el mayor compositor del mundo, en algún laboratorio secreto de Greenwich Village, está trabajando en una canción sobre tu pueblo, te puedes excitar bastante.. Todavía pienso que 'Desiertos' trata sobre Lancaster, aunque las notas del LP de Columbia digan que es algo más filosófico. Durante todo el instituto busqué información sobre Varèse y su música. Uno de los descubrimientos más excitantes fue en la biblioteca del instituto de Lancaster. Encontré un libro sobre orquestación que tenía algunos ejemplos de partituras al final, e incluía un pasaje de 'Offrandes' con un montón de notas de arpa (y ya sabéis qué aspecto tan divertido tienen las notas de arpa). Me acuerdo que estuve adorando al libro como un fetiche durante varias semanas. 

Cuando tenía dieciocho tuve la oportunidad de ir a la Costa Este a visitar a mi Tía Mary en Baltimore. Había estado componiendo durante cuatro años ya pero todavía no había oído nada interpretado. Tía Mary me iba a presentar a un amigo de ella (un caballero italiano) que estaba relacionado con la sinfónica de allí. Yo había planeado hacer una escapada al misterioso Greenwich Village. Durante mi conversación telefónica del cumpleaños, Mr. Varèse había mencionado casualmente la posibilidad de una visita si estaba alguna vez por ese área. Le escribí una carta cuando llegué a Baltimore, sólo para que supiera que estaba por allí. La carta llegó. No me lo podía creer. ¡Una carta auténtica escrita a mano de Edgar Varèse! Todavía la tengo enmarcada. En letra muy pequeña de aspecto científico dice:
'Querido Sr. Zappa: Siento no poder atender a su petición. Me voy a Europa la próxima semana y estaré fuera hasta la próxima primavera. Espero en cualquier caso verle a mi vuelta. Con mis mejores deseos. Sinceramente, Edgard Varèse” 

2 comentarios:

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  2. Que viva por siempre el legado de este gran maestro del arte musical del siglo XX.

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